Álvaro Delgado Val: La codicia como mal menor
Mesa Revuelta: La casa del amigo
miércoles, 30 de diciembre de 2009
martes, 29 de diciembre de 2009
La pesca de palangre, una amenaza para la pardela balear
Elena Soto | Palma martes 29/12/2009
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Científicos del Instituto de Investigación para la Gestión Integrada de Zonas Costeras (IGIC) de la Universidad Politécnica de Valencia, en colaboración con investigadores del IMEDEA, están estudiando la incidencia de la pesca de palangre en la mortandad de la población de pardela cenicienta y pardela balear en el Mediterráneo.
Actualmente, la pardela cenicienta está catalogada en la Comunidad Valenciana como especie vulnerable y la balear está en peligro de extinción a escala nacional.
A partir de los estudios realizados, concluyen que una de las posibles causas del declive de las poblaciones de pardela sea el palangre, modalidad consistente en largas líneas de anzuelos con cebo que van detrás de los barcos.
Entre los principales factores que influyen en la mortandad de las aves se encuentra la hora de calar palangre, ya que la que es ideal para los pescadores –justo al amanecer– es la peor para las aves.
Otra de las posibles causas es la reducción de los stocks pesqueros: ya que al haber cada vez menos pesca, las aves recurren a los palangres o arrastreros con los riesgos que ello conlleva, y no sólo por ser un recurso fácil, sino también porque hay menos comida en el mar.
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El otro tesoro de la Cartuja
Laura Jurado | martes 29/12/2009
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Elena Soto: Un oído que traduce el llanto del bebé
En 1932 Mallorca estuvo a punto de perder uno de sus tesoros más valiosos y desconocidos: la farmacia monástica de la Cartuja de Valldemossa había cerrado sus puertas apenas unos años antes y un anticuario catalán pujaba por la compra de todo el material. Hoy el doctor Jaume Mercant sigue siendo el único en haber inventariado una botica con tres siglos de historia.
El convento de San Francisco de Paula en Palma fue el primero en iniciar en la Isla la historia de las farmacias conventuales. Una realidad escrita principalmente en el siglo XVIII pero los benedictinos habían iniciado ya en el siglo VI con las boticas monásticas. "Hubo incluso reyes que sacaron a los monjes de la clausura para que se dedicaran a ellas", afirma el doctor Jaume Mercant.
Instalados en el siglo XXI la farmacia de la Real Cartuja de Valldemossa se constituye como la más completa y mejor conservada de todos los monasterios cartujos de Europa. Pese a que existen documentos que hablan de una enfermería primitiva a finales del XVII, no es hasta 1722 cuando se constata la existencia de la farmacia monástica. "La iniciativa partió de los propios monjes con dos objetivos principales: por un lado solventar la pésima asistencia médica que existía y, por otro, conseguir ingresos para la comunidad con la venta de los productos", explica Mercant.
La antigua farmacia de la Cartuja lindaba con el exterior de la clausura y con la zona de obediencias, ya que era un hermano –que a diferencia de los consagrados no podía decir misa– quien la regentaba. Enfrente se situaba el jardín botánico con plantas medicinales que hoy se mantiene como jardín convencional y la propia botica estaba dividida en dos zonas: la sala destinada a la dispensación y otra estancia en la que se guardaban los instrumentos para trabajar y elaborar los fármacos.
"Las principales dolencias eran las infecciosas, muchas de ellas estomacales", detalla Mercant. Su tesis sobre la apoteca valldemossina se ha convertido hace una semana en un flamante libro bajo el título de La farmàcia monàstica de la Reial Cartoixa de Valldemossa editado por Olañeta. Un volumen que ha inventariado más de 300 medicamentos en su mayoría del siglo XVII. Según su estudio, actualmente sólo un 10% de ellos tienen uso con evidencia científica.
"Las farmacias conventuales se diferenciaban muy poco de las ordinarias. Los cánones que seguían eran los mismos porque eran muy unitario en toda Europa", destaca el doctor. Las virtudes que más se buscaban en los medicamentos eran las antifebriles, las astringentes, las diuréticas y las purgantes.
La prescripción realizada por el médico tras diagnosticar al paciente se convertía en todo un ritual. En algunas ocasiones era él mismo quien la llevaba a la farmacia para explicar al farmacéutico la preparación. Muchos de los medicamentos compuestos han desaparecido porque se elaboraban al momento y se degradaban a las pocas horas. Su precio, en líneas generales, era muy alto. Tanto que algunos podían costar el salario de todo un día de trabajo.
Los propios monjes, los ermitaños de Miramar y la gente de Valldemossa eran los usuarios principales de la farmacia de la Cartuja. Una clientela que, como ocurrió en todas las boticas conventuales, motivó las protestas del Colegio de Farmacéuticos que les declaró la guerra desde 1747. "Pusieron demandas a la Iglesia para evitar la competencia. El control de los medicamentos no era como el actual y su preocupación no era ésa sino una cuestión económica", asegura Mercant.
Un decreto de 1771 ordenó el cierre de estas boticas dejando desatendidos a muchos pueblos que tenían en ellas su único suministro. La farmacia de la Cartuja consiguió mantenerse gracias al fracaso de la iniciativa por crear una ordinaria en Valldemossa. El propio Chopin fue tratado en ella de su tuberculosis y Gaspar Melchor de Jovellanos escribió la Flora medicinal de Valldemuza durante su retención como reo de Estado.
La desamortización de Mendizábal de 1835 supuso el cierre de la Cartuja como monasterio. Un nuevo golpe para su farmacia que vio como se exclaustraba a todos sus religiosos. La imposibilidad de subsistir con la pensión que les quedaba, permitió que el monje boticario Mariano Cortés y posteriormente Gabriel Oliver permanecieran en el monasterio como custodios de la botica que se convirtió, en parte, en civil.
Juan Esteva fue el último boticario de la farmacia. Su muerte en 1929 supuso el cierre definitivo de la farmacia. Tras los tanteos de un anticuario catalán, Ana Mª Boutroux, compró los enseres de la apoteca salvándolos de su salida de Mallorca. Su valor y su historia pueden continuar repasándose ahora en Valldemossa como museo turístico.
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Elena Soto: Un oído que traduce el llanto del bebé
domingo, 27 de diciembre de 2009
Tres buques de EEUU pasarán en la Bahía todas las Navidades
Domingo 27 de diciembre de 2009

Las tres unidades de despliegue marítimo de apoyo de los Estados Unidos se marcharán a principios de enero. Foto: Willy
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Las tres unidades de despliegue marítimo de apoyo de los Estados Unidos se marcharán a principios de enero. Foto: Willy
GUILLERMO SOLER. PALMA. Tres de las unidades de despliegue marítimo de apoyo de los Estados Unidos continuarán las Navidades en la Bahía de Palma. Estos tres buques de transporte son grandes almacenes flotantes, situados permanentemente en diversos mares del mundo, y pueden equipar al completo una división de Marines, trasportada por avión desde su base al lugar donde tenga que ser desplegada, solo con la impedimenta individual de cada uno de sus componentes humanos.
Este dispositivo reduce la necesidad de transporte aéreo en casos de crisis, como sucedió durante la Operación Tormenta del Desierto, la ocupación de Irak o en el actual despliegue aliado en Afganistán. Como ejemplo, a bordo del Eugene A. Obregón se reúnen gran cantidad de carburantes diversos, casi seiscientos contenedores de material y equipo diversos y 1.113 vehículos de diversas especialidades, incluidos transportes anfibios, camiones, tractores, maquinaria pesada, artillería autopropulsada, carros de combate o blindados.
Las tres unidades de despliegue marítimo de apoyo de los Estados Unidos se encuentran fondeadas en la Bahía de Palma, frente a la fachada marítima de Llevant, y allí permanecerán hasta principios de enero, por lo que sus tripulaciones celebrarán la Navidad y el Año Nuevo en aguas palmesanas.
El mando y la oficialidad de estas unidades navales de transporte, totalmente automatizadas en sus diversas operaciones, son miembros de la U.S. Navy, mientras que sus tripulaciones están integrada de forma mayoritaria por personal civil contratado, unas treinta personas por buque. Hacía tiempo que unidades militares de los Estados Unidos, junto a sus tripulaciones, no pasaban las presentes fiestas en la capital balear.
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Un siglo del primer avión en Mallorca
El 28 de junio de 1910 voló por primera vez en la isla un aeroplano, que despegó de la finca de Son Macià, Marratxí

Imagen histórica del primer avión que voló en Mallorca, con las autoridades posando junto al aparato. Foto: Fundación Aeronáutica Mallorquina
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Imagen histórica del primer avión que voló en Mallorca, con las autoridades posando junto al aparato. Foto: Fundación Aeronáutica Mallorquina
MARIO MORALES. PALMA. Han pasado más de cien años desde que los hermanos Wright hicieran volar el primer avión. En 1903, estos dos mecánicos americanos consiguieron que un aparato más pesado que el aire remontara el vuelo durante unos segundos, los suficientes para demostrar que era posible hacer lo que el ser humano había ambicionado durante siglos.
En Mallorca, las novedades sobre el progreso de la aviación se seguían con avidez. La Almudaina, rotativo antecesor de DIARIO de MALLORCA, publicaba todas las noticias que se iban produciendo, y aunque en esas épocas la técnica no evolucionaba con la rapidez de hoy en día, apenas siete años después de la hazaña de los Wright, un avión llegó a la isla y realizó algunos vuelos de prueba.
El año próximo se cumplirán cien años de la llegada de aquel primer aeroplano, que hizo su primer vuelo el 28 de junio de 1910. Fue todo un acontecimiento social, porque los mallorquines estaban también maravillados por esta increíble novedad, poder volar a bordo de una máquina, aunque sólo los más intrépidos se atrevían a lanzarse a esta aventura.
Preparativos para el despegue del primer vuelo
La Fundación Aeronáutica Mallorquina recopiló todo el material disponible sobre aquel hecho histórico, y su presidente Miquel Buades relató que ese verano de 1910 tenía que celebrarse una exposición de productos de Balears y se aprovechó la iniciativa para organizar una "Semana Deportiva", que incluía como plato más fuerte la presencia de un avión, y la posibilidad de verlo volar.
El Fomento del Turismo de Mallorca fue el organismo encargado de la puesta a punto. Hacía sólo cinco años que se había creado y las iniciativas del Fomento estaban en plena efervescencia. El 7 de junio, la junta directiva acordó el programa definitivo de la Semana Deportiva y se contrató a un aviador famoso, Julien Mamet, para que se desplazara a Mallorca e hiciera algunas piruetas en el aire con su monoplano. El aparato era del tipo Bleriot, porque así se llamaba su constructor. Mamet pertenecía además a la escuela francesa de pilotos de Louis Bleriot, la más renombrada de la época.
Mamet se desplazó a la isla para comprobar el sitio donde debía despegar. La zona elegida era Son Macià, en Marratxí, situada frente al hipermercado de Alcampo y cruzando la autopista. A Mamet el lugar no le gustó porque había muchos árboles pero finalmente accedió. El 13 de junio se entrevistó con el gobernador civil para ultimar algunos detalles sobre asuntos de seguridad. También conversó con el director de los ferrocarriles porque se pensó en mover trenes especiales desde la part forana, para que mucha gente tuviera la oportunidad de ver estos nuevos artilugios mecánicos.
El ´Bleriot´ despega ante la mirada expectante de la muchedumbre
Días más tarde, el 28 de junio, Mamet trae su avión Bleriot a Mallorca, a bordo del buque Jaime I, que cubría la ruta Barcelona-Palma. El aeroplano estaba desmontado y así se trasladó a bordo de carros hasta el hipódromo de Son Macià, situado junto a las actuales vías del tren Palma-Inca.
Ese mismo día realizó dos vuelos para probar la máquina y para satisfacer a las autoridades, la prensa y los invitados que estaban ansiosos por verle despegar del suelo. Una primera salida fue de pocos metros de altura. La segunda resultó más espectacular, ya que tomó altura, pasó por delante de la tribuna donde estaban situados los asistentes y se dirigió hacia el Pont d´Inca. Según los periodistas que cubrieron el acto, el fuerte viento le impedía girar para iniciar el regreso al hipódromo. Debió subir a mayor altura para buscar una atmósfera más estable, y así, pudo maniobrar el aparato y emprender el regreso al punto de partida.
El día señalado
Los vuelos realizados el 28 de junio eran el preludio del gran acontecimiento del día siguiente. El Bleriot de Mamet estaba a punto así que se esperaba un buen espectáculo.
Los mallorquines respondieron con creces a la convocatoria. Ese día no había coches suficientes para transportar a toda la gente que quería ir a Son Macià. Según comentaba Miquel Buades, los palmesanos iban hacia el hipódromo en carros, bicicletas, caballos e incluso a pie. También partieron los trenes especiales, uno desde Inca a las 14,15 horas, y dos desde Palma a las cuatro y a las cinco de la tarde. Se debió ampliar la cifra de vagones porque los que se habían puesto iban atestados.
El hipódromo lucía como nunca, con una gran muchedumbre que lo abarrotaba, e incluso muchos se subían a los árboles para ver mejor el espectáculo, y de paso, para no pagar la entrada. Y así, sobre las seis de la tarde comenzó el vuelo, tomando la misma ruta del día anterior. Recorrió 10 o 12 kilómetros en siete minutos, a una altura de un centenar de metros.
Sin embargo, en una de las maniobras, rozó la copa de un árbol y se rompió uno de los alambres del timón, lo que obligó a Mamet a realizar el primer aterrizaje de emergencia de la historia de Mallorca. El avión se dio de morros contra el suelo, y aunque no produjo heridos, la hélice quedó destrozada, como muestran las fotos publicadas por La Almudaina y reproducidas en esta página.
No era posible reparar la hélice por lo que al día siguiente, Julien Mamet y sus mecánicos regresaron a Barcelona. El piloto, sabiendo que había despertado una gran expectación en Mallorca, y que no había logrado satisfacer completamente a los insulares, envió una carta a los diarios palmesanos en la que pedía disculpas por lo sucedido, y dando las explicaciones técnicas del caso.
Miquel Buades (junto a un histórico DC3) organiza los actos de festejo del centenario de la aviación en la isla
Mamet prometió regresar con aviones de nuevo diseño y gran potencia "con el que haré evoluciones desconocidas hasta hoy", y además, llevaría a bordo a "una señora y después al pasajero que lo desee".
Así se inició la aventura de la aviación en Mallorca, que continuó con el aeródromo de Son Bonet y culminó con la creación del gran aeropuerto de Son Sant Joan, por donde pasan hasta 1.000 vuelos diarios durante el verano.
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martes, 22 de diciembre de 2009
La fauna marina del meridiano (Delaroche)
Laura Jurado | Palma martes 22/12/2009

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Elena Soto: El polen, la huella dactilar de las flores

La expedición para la medición del meridiano de París incluyó a Baleares en una de las empresas más importantes del siglo XVIII que acabaría con la implantación del sistema métrico decimal. Pero no sólo eso. Supuso el desembarco de científicos de primera línea que conectaron las Islas con los conocimientos más avanzados de Europa. Entre ellos, el ictiólogo François-Étienne Delaroche.
De todos los científicos que llegaron con el meridiano de París entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, Delaroche es quizá uno de los más desconocidos. Nació en Ginebra en 1781, aunque otros autores afirman que su nacimiento fue en el convulso año de 1789. Sus primeros años pasaron a caballo entre Londres y su ciudad natal, después de que su familia tuviera que abandonar París con el estallido de la Revolución Francesa.
Fue en Ginebra donde inició sus estudios de Medicina. Pronto adquirió también un gran interés por la botánica, herencia de su padre Daniel Delaroche. Ambos colaboraron con Cardolle en estudios físicos y botánicos.
Tras doctorarse en la capital suiza, continuó su formación en Edimburgo y París, donde se convirtió en médico del duque de Orleans. Probablemente fue allí donde conoció el proyecto del meridiano sin saber que él mismo acabaría por unirse años después. En aquel momento Jean Baptiste Biot ya había llegado a las Islas. Según algunos autores como el historiador Gaspar Valero, Biot fue el iniciador de la labor de Delaroche.
Parece que el francés realizó algunos experimentos sobre los peces que vivían en las profundidades del Mediterráneo balear antes de la llegada del suizo. Unos estudios con los que convenció al ministro del Interior francés de que incorporara un naturalista a la expedición. Para otros, tras un viaje a París, Biot volvió con su amigo Delaroche, quien quería realizar un estudio sobre los peces de las Pitiusas.
Lo cierto es que en 1807 el científico suizo llegó al observatorio de Formentera donde pasaría todo un invierno. Observations sur des poissons recueillis daus un voyage aux Îles Baléareas et Pythyuses publicado en 1809 en los Anales del Museo de Historia Natural de París –junto a seis grabados– fue el fruto de sus investigaciones. «Era el primer estudio sobre ictiología que se hacía sobre las Pitiusas y toda una maravilla en Europa», afirma el oceanógrafo Miquel Duran Ordiñana.
En la primera parte, Delaroche describía el tipo de pesca que existía en Ibiza en aquella época. Por otro lado, incorporaba un análisis sobre las posibilidades de vida en aguas profundas que confirmó con algunos peces capturados a 450 metros con ayuda de unos palangres.
Según Valero, las observaciones de Delaroche llegaron a la misma conclusión que Biot: que la vejiga natatoria de los peces contenía más oxígeno cuanto mayor era la profundidad en la que vivían. «Son unas conclusiones confusas porque precisamente una de las especies descubiertas por el suizo, la escórpora, no posee esta vejiga», plantea Duran Ordiñana.
En La Suite du Mémoire sur les espéces de poissons observées à Iviça, Delaroche enumeraba unas 60 especies de peces observadas en Ibiza. Además, describía las menos conocidas. «Delaroche envió al Museo de Historia Natural de París lo que se denominan ejemplares tipo: peces que sirvieron para describir las nuevas especies».
Pese a que el científico mallorquín reconoce que Delaroche no se equivocó a la hora de determinar cuáles eran las nuevas especies, sí lo hizo en el nombre de algunas ya conocidas. En lugar del catalán pedaç, por ejemplo, escribió podas, una grafía que utilizó para formar el nombre en latín de la especie. Actualmente la Pleuronectes podas. Otros tantos nombres se mantuvieron. Si no eran correctos fueron, por lo menos, aceptados.
Apenas cuatro años después, Delaroche fallecía en París con sólo 31 años. Su obra y sus estudios quedaron interrumpidos repentinamente. Las escasas pistas de su visita a las Pitiusas conducían todas a París. «En aquel momento Baleares tenía un enorme retraso cultural, pero todos los ictiólogos reconocieron rápidamente la importancia de sus estudios», asegura el oceanógrafo.
Pasaría más de medio siglo hasta que el catalán Francesc Barceló i Combis realizara un nuevo catálogo de peces. «Un listado lejos de la profundidad del de Delaroche», afirma Duran Ordiñana. El retrato de una fauna pionera en las Islas que hoy se conserva y estudia lejos de su Ibiza original.
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Elena Soto: El polen, la huella dactilar de las flores
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viernes, 18 de diciembre de 2009
S´Albufera enriquece su historia
Sábado 12 de diciembre de 2009
El investigador Andreu Muntaner dona documentos de gran valor relacionados con el parque
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El investigador Andreu Muntaner dona documentos de gran valor relacionados con el parque
J. FRAU. INCA. El parque natural de s´Albufera, conocido por su elevada riqueza medioambiental, atesora otro tipo de riqueza que no tiene nada que ver con la flora y la fauna y sí con la historia más reciente de este espacio emblemático para los mallorquines. El parque incorporó ayer a su extenso archivo una serie de documentos oficiales, tanto originales como copias, de gran valor histórico, fundamentales para entender el papel que el gran humedal del norte de la isla ha tenido en nuestra sociedad durante los dos últimos siglos.
Los documentos, donados por el investigador Andreu Muntaner, que ha tardado 52 años en recopilarlos, cubren una etapa histórica que va desde finales del siglo XVIII, con la presencia de documentos sobre proyectos, intervenciones y cambios de propiedad en los terrenos del humedal, hasta la actualidad, con diversos estudios ecológicos por parte del Icona. La documentación donada por Muntaner, que consta de 28 tomos, incluye otras curiosidades como una memoria sobre el proyecto de desecación y saneamiento del parque que data del año 1853; un plano de la Bahía de Alcúdia que incluye s´Albufera y las marjals de Muro y sa Pobla del año 1859; o informes geotécnicos de los sondeos de reconocimiento de 1976 para la construcción de la vecina central térmica de es Murterar, entre otros archivos interesantes que ahora obran en poder del parque natural.
El conseller de Medio Ambiente, Miquel Àngel Grimalt, el presidente de la junta rectora del parque natural, Esteve Bardolet, y el propio Andreu Muntaner, protagonizaron ayer en s´Albufera el acto simbólico de donación del fondo documental, que culminó con la entrega de una placa de agradecimiento al donante de los archivos.
Grimalt destacó la importancia de personas como Muntaner, cuyo "trabajo callado" contribuye a "conocer de forma más profunda nuestra historia". El conseller se comprometió a "custodiar" la documentación para garantizar su mantenimiento. Por su parte, Andreu Muntaner, que guarda una estrecha relación con s´Albufera debido a los numerosos estudios geológicos que ha realizado a título personal y a su condición de trabajador jubilado de Gesa, explicó que "ha costado muchos años" recoger un material que "no debe perderse", ya que "desgraciadamente, en Mallorca se ha perdido muchísimo patrimonio", lamentó. Respecto a su conocida colección de archivos y fotografías, Muntaner afirmó ser "usufructuario y no propietario" y avanzó que habrá más donaciones con el objetivo de "evitar la pérdida" del material. De hecho, el investigador ya había cedido al parque natural copias de imágenes de s´Albufera procedentes de su extenso catálogo de fotografías que retratan la sociedad mallorquina del último siglo y medio
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