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miércoles, 16 de septiembre de 2009

El talaiot de los druidas

Laura Jurado | Palma martes 15/09/2009

Con el paso de Menorca a la Corona española. Joan Ramis decidió cambiar su gran proyecto literario. Ya no quería ser literato sino investigador y autor de la Gran Historia de Menorca. 'Antigüedades célticas ...' fue la primera pieza donde aseguraba el origen celta de los talaiots, navetas y taulas.

Para Joan Ramis el conjunto megalítico de Trepucó era un Stonehenge a la menorquina. No era el primero en sacarle parecido al monumento, pero sí en dedicarle toda una obra: el primer volumen de su Gran Historia de Menorca pero también el primer libro sobre Prehistoria publicado en España.

La dominación británica trajo a Menorca prosperidad económica. El comercio favoreció una relación con otras ciudades y universidades que permitió a algunos autores, como Joan Ramis, recibir una educación selecta. Su gran formación fue como jurista ya que estudió Derecho Civil y Canónico consiguiendo el título en Aviñón. Sin embargo, sus estudios en Retórica, Poética y Filosofía determinaron su faceta de literato. «Sin duda fue la figura más importante del neoclasicismo catalán, sobre todo por su trilogía teatral pero también por su obra poética», afirma la filóloga e historiadora de la Cultura, Josefina Salord.

Lucrècia (1769) llegó a ser considerada también como la obra más importante de dicho movimiento. A ella le siguieron Arminda, Constància y, por último Rosaura o el més constant amor en 1783. Para algunos autores, la incorporación de la isla a la Corona española hizo que Ramis abandonara su producción en catalán; Josefina Salord va mucho más allá. «Más que un cambio de lengua fue un cambio de proyecto. Su gran plan literario se convierte en uno historiográfico. Decide ser historiador y elaborar la Gran Historia de Menorca», explica. Sólo el inglés John Armstrong se había propuesto antes el mismo objetivo y la dominación española se encontró, de repente, con un gran vacío informativo sobre la isla.

La fundación de la Societat Maonesa de la Cultura - con sede en su propia casa - fue uno de los primeros pasos hacia el cambio. El gran salto llegaría - precedido por algunas monografías breves - en 1818 con Antigüedades célticas de la isla de Menorca desde el siglo IV de la era cristiana hasta la actualidad, el primer libro de arqueología en España además del primer estudio sobre la Prehistoria. «Las teorías de aquella época eran muy diferentes a las actuales y la diferencia entre la Historia y la Prehistoria aparece ya avanzado el siglo XIX. La obra de Ramis fue la primera en referirse a dicha etapa aunque no la cite como tal», explica el Doctor en Historia Miquel Angel Casesnoves.

Los monumentos megalíticos de Menorca centraban la obra de Ramis y, como indica su propio título, la tesis fundamental era el origen celta de dichas construcciones. «Era una teoría común en la Europa ilustrada. Armstrong utilizaba el término "cromlech" como el de Stonehenge en Irlanda para referirse a los recintos de taulas pero con su origen británico era algo muy normal», añade Casesnoves. El menorquín atribuye a los celtas también las navetas y círculos de piedra. Entre sus fuentes citaba la Encyclopedia Britannica y otras obras francesas que clasificaban como celtas monumentos similares a los de Trepucó.

«La arqueología como ciencia no existía más que como elaboración de inventarios y Ramis incorporó una descripción física de los monumentos. La otra cuestión era aventurar qué eran, hacer hipótesis con sus escasos métodos», concreta el Doctor. "Antigüesdades célticas ..." recoge una relación de atalayas y talaiots e hizo que esos nombres populares pasaran a la literatura científica, analiza los pueblos que habitaron en Menorca, las particularidades de los druidas, pero ...¿en qué se basaba para asegurar ese origen celta? Ramis considera que eran edificaciones que demostraban una gran capacidad técnica y evolución y, por ello, le sorprendía la falta de inscripciones o letras sobre las mismas. «Sabía que los celtas eran un pueblo sin alfabeto y eso le llevó a relacionar ambos fenómenos».

Ya en 1820, un artículo del censor general escribía a propósito de Ramis: «Sería de desear que el autor no se hubiese empeñado en sostener antigüedades que cree que existen pertenecientes a tiempos de que no nos quedan monumentos ciertos». Sin embargo, no fue hasta mitad del siglo XIX cuando arqueólogos como Cartailhac demuestran el error de estas teorías.

En 1819 el menorquín terminaba "Historia civil y política de Menorca", pero su muerte, en febrero del mismo año, le impidió ver la obra publicada. Según Josefina Salord otros treinta volúmenes de investigación histórica quedaban como legado. Francesc Barceló Caimari y Josep M. Quadrado fueron dos continuadores de la labor de Ramis, igual que la ruta talaiótica menorquina en la que cimentó el primer capítulo de la que iba a ser y fue su Gran Historia.

DNI

  • Nombre: Joan Ramis Ramis

  • Época: 1746 - 1819

  • Natural de: Mahón

  • Profesión: Literato e historiador

  • Popular por: ser la figura más importante del neoclasicismo catalán y autor de 'Antigüedades célticas de ls isla de Menorca', el primer libro de arqueología publicado en España además del primer estudio sobre la Prehistoria.



Publicado en Baleópolis, nº 28.

domingo, 12 de abril de 2009

Cuando Palma tenía tranvías

Domingo 12 de abril de 2009

tranvías
La fotografía, tomada el 16 de febrero de 1958, muestra una estampa a punto de desaparecer.

En 1959 desaparecieron los tranvías de nuestro paisaje urbano. La medida se aplaudió y nadie podía imaginar entonces que, 50 años después, el Ayuntamiento apostaría de nuevo por este medio de transporte

CARLOS GARRIDO Hoy, una de las polémicas ciudadanas es la del tranvía. Si es un medio con futuro. Si su trazado resulta compatible con el tráfico rodado. Si cambiará el flujo comercial de algunas zonas. El tranvía, que vivía en un limbo fantasmagórico desde 1959, vuelve a ser actualidad.
Si alguien quiere contemplar algún resto del antiguo tranvía, ya no tiene ni siquiera los fragmentos de vías que sobresalían a veces del asfalto como huellas de dinosaurios. Las últimas reformas acabaron con ellas. Sólo nos queda la "roseta" o pieza de anclaje situada en la misma esquina del bar Bosch. Sujetaba el tendido que alimentaba a esos vehículos y hoy aparece solitaria y descontextualizada.
La historia del tranvía en Palma es muy interesante. Y tiene bastante bibliografía. Los lectores de DIARIO de MALLORCA que coleccionaron la Memoria gráfica de Mallorca de Andreu Muntaner encontrarán numerosas fotografías. Libros clásicos sobre la ciudad como los de Russiñol o Mario Verdaguer hablan de los viejos y entrañables tranvías. Y sobre todo, una obra imprescindible es el libro Palma, història del tramvia elèctric de Jordi Bibiloni Rotger.

Las comunicaciones entre el centro de Palma y las barriadas estuvieron durante mucho tiempo cubiertas sólo por "carrils". Eran una especie de galeras con tracción de sangre que salían hacia la periferia.
Como explicaba Ferran Pujalte en su libro sobre transporte y comunicación en las Balears, "barriadas alejadas del centro con un cierto carácter industrial o residencial o de ocio como la Vileta, Son Serra, Establiments, Son Sardina, el Molinar de Llevant, el Terreno, Génova o Portopí eran las rutas habituales para estos carruajes". No era un transporte regular, sino que se alquilaban como taxis y cabían hasta cinco personas.
En 1890, cuando toda Europa se dejaba llevar por la locomotora de la industrialización, se fundó en Palma el primer servicio regular de viajeros, a cargo de la Compañía Mallorquina de Omnibus. Por más que suene muy pretencioso el nombre, no dejaban de ser una especie de "jardineres", arrastradas por dos mulas, con capacidad para diez plazas. Eran los llamados "rippers", que aparecen en las fotos rodeados de señores con bastoncillo y bombín. Entonces, Palma estaba recorrida por las vías del tren que iba desde la estación al puerto, pasando por la Porta de Jesús y la Rambla.
En 1891 se funda la Sociedad Mallorquina de Tranvías, que tenía la concesión de la línea de Cort a Portopí. Fue el primer transporte público regular que funcionó, aunque tirado por mulas. Curiosamente, los usuarios del tranvía era gente de cierto nivel económico, que pasaban mirando con aire de suficiencia a los que iban a pie, en bici o en carro.
La aparición del tranvía tal como lo entendemos tardó todavía, ya que no se produjo hasta 1916. Los periódicos de la época como La Almudaina lo celebraban con grandes titulares: "Los tranvías eléctricos. Fiestas en Palma". Valencia y Barcelona tenían estos transportes desde comienzos de siglo, y era lo último en tecnología. La inauguración de la línea fue sonada, con una bendición de tranvías oficiada por Mossèn Antoni Maria Alcover. Al día siguiente se realizaba el primer vuelo Barcelona-Palma a cargo del aviador Hedilla. ¡El futuro había llegado!

tranvías
Tranvía de pruebas en el paseo Sagrera, pasando ante la Llonja.
Los tranvías eléctricos se convirtieron en parte del paisaje urbano. Pero éste era un medio bastante catastrófico y propenso a los accidentes. El mismo día de la inauguración un coche perdió el control a la altura del Círculo Mallorquín, cayendo hasta la Plaça de la Reina, donde volcó y produjo la muerte de un muchacho. Eso de "alerta amb so tramvia" o "me tiraré al tranvía" estaba justificado. La dificultad de frenado (debían tirar arena antes a la vía), el peso y lo rudimentario de los sistemas de control causaron muchos accidentes.
Los tranviarios, con sus gorros y sus trajes de pana (hacía un frío infernal adentro) se convirtieron en personajes populares. El tranvía contribuyó en cierta manera al diseño de la Palma de la primera mitad del siglo XX. Sobre todo por su trazado radial: las líneas salían del centro hacia el extrarradio. De manera que las barriadas quedaron incomunicadas entre ellas.
Las primeras líneas iban: del Born a la Plaça Mercadal, en lo que se llamaba "circunvalación", a Portopí, Pont d'Inca, S'Arenal, Son Roca, Gènova, la Soledat, Establiments, la Plaça de Toros...
Muy populares fueron los tranvías estrechos y coquetos, denominados por ello "marilín". Tenían el mismo aspecto que un tranvía de juguete. Los otros eran estrechos y con el morro semihexagonal.

En la postguerra, los viejos tranvías habían quedado obsoletos. La infraestructura estaba vieja y por todos lados se apostaba por el autobús. De manera que a partir de 1941 se fueron suprimiendo líneas. En 1959, los últimos tranvías hicieron sus viaje a cocheras, desfilando uno detrás de otro por el Born. La mayoría de las cartas al director y artículos aplaudían el hecho. Sólo algunos sentimentales como Joan Bonet pedían que se conservasen en algún "barrio remoto y tranquilo".
Pero no se salvó ni un coche. Se desmontaron y se vendieron como chatarra. Las vías se desmontaron en gran parte. "Bravo y mil veces bravo, ayer ya se podía transitar por la calzada de la Rambla sin los carriles de los tranvías" escribía un articulista.
Nadie en su sano juicio hubiese pensado en aquella época, cuando todos se imaginaban que en el año 2000 la gente viajaría a bordo de cohetes, que un ayuntamiento volviese a planear el retorno del tranvía.

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El tranvía y la mula



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En esta imagen, tomada en 1916, las mulas dan paso al tranvía eléctrico .

Era una imagen que llamó la atención de varios escritores. Una mula filosófica, bajando con parsimonia la cuesta de Conquistador. Cuando llegaba a la Plaça de la Reina, esperaba la llegada del siguiente tranvía. Y es que los coches pesaban demasiado para subir la pendiente por sus propios medios. Recurrían entonces al "suplemento" de la mula, que les acompañaba hasta el final de la cuesta. Una vez allí, a la altura de la Diputación, era desenganchada. Y mientras el tranvía seguía su ruta, la mula bajaba de nuevo para esperar al tranvía siguiente. Lo cuentan Russiñol en La isla de la calma y Mario Verdaguer en La ciudad desvanecida.
Rusiñol escribió páginas inmortales sobre la cachaza del tranvía del Terreno. "Un tranvía de estos no es para tener prisas. Quien las tenga, que vaya a pie, que llegará antes. Más que una herramienta para recorrer distancias, viene a ser una especie de casino o de reunión familiar donde mantener buenas conversaciones".
Era tal el grado de familiaridad que a veces el tranvía se detenía para esperar a alguno de sus usuarios que todavía no había llegado. Esas cosas, como la imagen bucólica de un tranvía pasando entre almendros floridos hacia Establiments, ya no volverán a recuperarse

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viernes, 27 de marzo de 2009

La Mallorca del siglo XVII, a través de Miquel Bestard

Domingo 18 de marzo de 2007

BARTOMEU BESTARD (*) Estos días podemos ver en la sede de la Fundació Sa Nostra, tal como nos recordó hace unos días en este mismo periódico Joan Riera, la exposición "Cendres de Troia. El pintor Miquel Bestard (1592-1633)". La complementa un catálogo que no hace más que reafirmar que los estudios de la historia del arte mallorquín, en concreto la época del barroco, tiene nombre y apellidos: Marià Carbonell Buades, comisario de la exposición y autor del catálogo. En 1999, el profesor Carbonell, de la Universidad de Barcelona, ya nos sorprendió con una exposición sobre uno de los mejores pintores que ha dado Mallorca: Guillem Mesquida. Continuó construyendo la historiografía del arte de época moderna con su importante aportación en el segundo volumen de la "Història de les Illes Balears", publicado por Edicions 62; y ahora nos deleita con este catálogo, auténtico compendio de lo que sucedió con la pintura y el arte en la Mallorca del siglo XVII. Esta exposición tiene diferentes aspectos que deben ser considerados. En primer lugar se ha de tener en cuenta que, y aunque parezca increíble, ésta es la primera monografía que se hace de Miquel Bestard, que sin duda es el pintor más importante del seiscientos mallorquín. En segundo lugar, no se ha de perder de vista que estamos ante una ocasión única para ver las pinturas expuestas, al ser casi todas ellas de titularidad privada, de ahí, una de las características que le dan importancia al catálogo, que con sus fotografías se asegura la pervivencia de la documentación gráfica para su posterior consulta. En tercer lugar, el espectador, con una simple ojeada a la exposición percibirá enseguida que las obras giran entorno a dos temas generales: los temas mitológicos y los temas concernientes a la historia y geografía de la Isla. Es precisamente en este último grupo en el que nos detendremos para comentar dos de los cuadros expuestos. En primer lugar, la obra titulada "El entierro de Ramon Llull" (ca. 1618-1621), propiedad del Ayuntamiento de Palma, es una fotografía extraordinaria de la ciudad de Palma del seiscientos. La escena representa una procesión funeraria que traslada el cuerpo del beato mallorquín. Observando el cuadro se deduce que el escenario de la representación es la explanada del Born, concretamente en el lugar que hoy ocupa la plaza de las Tortugas, a excepción de la puerta de estilo clasicista que se sitúa en un lateral del cuadro que seguramente representa la puerta del Muelle, construida en 1620 y que actualmente se conserva entre el Consulado de Mar y la Lonja. La procesión, que se dirige hacia la calle de San Jaime, está presidida por el obispo, flanqueado por canónigos de la Catedral. Le sigue el virrey de Mallorca que porta la cruz de Santiago en el pecho y es flanqueado por dos jurados de la Universidad y Reino, vestidos con las "gramalles" rojas. Estas tres autoridades están precedidas por "el batle" y "el veguer" con sus respectivas varas de mando, los cuales, al mismo tiempo tienen delante a los maceros. Encabeza la procesión una nutrida representación del clero mallorquín, tanto de las ordenes religiosas: dominicos, franciscanos, cistercienses, jesuitas?; como del clero secular. Cierran la procesión dos filas: una formada por caballeros; y otra formada por el pueblo. También se observa que un grupo de enfermos se apresuran a tocar el cuerpo de Ramon Llull con el fin de venerarlo. Otro dato importante que aporta esta pintura son las casas, que vemos repletas de gente que se asoma para poder seguir la procesión. Entre las casas podemos distinguir de izquierda a derecha: la antigua casa que ocupaba el solar de la actual Can Morell (conocida con el nombre tan poco mallorquín de Casal Sollerich); el callejón den Cifre; Can Espanyol (hoy conocida como Can Puig), la calle de Can Granada; una fachada con ventanas "coronelles", en las inmediaciones de lo que hoy conocemos como Can Ferrandell, en la calle San Jaime; y finalmente Can Puig des Rellotge. El segundo cuadro de la exposición que también llama nuestra atención es el mapa de Mallorca (ca. 1631-1633), procedente de una colección particular. Este mapa, quizás inspirado en el que había hecho anteriormente Joan Binimelis por encargo de los jurados, hay que relacionarlo con la antigua tradición cartográfica mallorquina que había pervivido hasta el siglo XVII gracias a los "mestres de cartes de navegar", de los cuales formaban parte, tal como ha podido documentar el doctor Carbonell, miembros de las familias Oliva y Prunes. El mapa, a parte de representar con precisión la geografía de la Isla, está repleto de escenas: batallas navales, escenas militares? Quizás lo que llame más la atención es que se utiliza el topónimo "Mallorca" para denominar a la ciudad de Palma, sin duda un arcaísmo medieval que pervive aún en el siglo XVII. Recordemos que después de la reconquista y repoblación de la Isla, el nombre de su capital "Medina Mayurqa", pasó a denominarse "Ciutat de Mallorca" o simplemente Mallorca. Ello explica que en la toponimia callejera antigua de algunos pueblos mallorquines encontremos la denominación de carrer de Mallorca, que coincidía con la calle que partía en dirección a Palma. A partir de la segunda mitad del siglo XV, con la penetración del gusto estético del Humanismo proveniente de la península itálica, se recupera el nombre de Palma para denominar a la capital insular. Gracias a este mapa podemos comprobar como a inicios del siglo XVII convivían las tres denominaciones de la urbe: Mallorca, "Ciutat de Mallorca" y Palma de Mallorca. En fin, el cuadro y la exposición dan mucho más de sí. Podríamos comentar las dos magníficas pinturas que representan el "sky line" de la fachada marítima de la Palma del seiscientos, o los fabulosos paisajes -que en la documentación de la época aparecen bajo la bella denominación de "llunyedans"-, o las batallas de Troya? vamos que uno no puede perderse esta exposición, no quedará defraudado.
(*) Cronista oficial de la ciudad

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miércoles, 14 de enero de 2009

Rostros de Roma, exposición

Miércoles 14 de enero de 2009

Livia
´Rostres de Roma´, con 32 piezas del Museo Arqueológico Nacional, describe en Ses Voltes la cultura del retrato en el imperio más vasto de la historia

M. ELENA VALLÉS. PALMA. El imperio tiene fisonomía. La erótica del poder está lejos de ser un concepto contemporáneo: griegos y romanos ya estilizaban las imágenes como elemento de propaganda política. Sin televisión fueron capaces de evidenciar su hegemonía en el mundo. Sin tubos catódicos, sólo de mármol y bronce son las 32 estatuas de retrato que trazan en Ses Voltes un recorrido por la cartografía de representaciones humanas de la Roma de entre los siglos I a.C. y III d.C.
La muestra, titulada Rostres de Roma y patrocinada por la Caja de Ahorros del Mediterráneo, el Ayuntamiento de Palma y el Ministerio de Cultura, es un producción del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, que a día de hoy está en obras y "por ello trata de enseñar sus fondos a través de exposiciones temporales por distintos puntos de la geografía española y mundial", puntualiza la directora del museo, Rubí Sanz Gamo. Las piezas elegidas son también un reflejo de la formación de las colecciones del museo. Proceden de yacimientos de Baena, Mérida, Paestum (Italia) o de las expediciones a Oriente de la fragata Arapiles.
La primera parte de esta inmersión en el imperio está dedicada a monarcas y filósofos. En ella se evidencia la evolución del retrato en Roma, que se heredó directamente del savoir faire de sus vecinos, los helénicos. Los latinos imprimieron en sus obras un realismo más severo que el de sus antecesores, aunque no abandonaron jamás el idealismo griego. En el primer recodo de las salas curvosas de Ses Voltes, se erige augusta una estatua de bronce de Alejandro Magno del siglo II a.C. Este bronce, del barroco helenístico, buscaba exaltar la visión heroica de este jefe militar macedonio. Otra pieza que se encuentra en esta primera ración de exposición es un retrato de un pensador griego, probablemente Esquines, célebre orador ateniense.
A este busto le sigue otro de Marco Antonio, en mármol, que en este caso abriría un segundo capítulo, el dedicado a la historia augusta. En las piezas de esta sección, se explica cómo el retrato alcanzó cotas elevadas de propaganda política en la época imperial. Se erigió en un potente elemento ideológico y artístico. El retrato era la imagen del poder, que se difundía en Roma a través de monedas, relieves y estatuas. Se abre aquí el apartado de Julio-Claudios, Flavios, Antoninos o Severos y de sus familias.

Livia endiosada

Una estatua sedente de cuerpo completo de Livia, mujer de Augusto, es el epicentro de Ses Voltes. Los expertos dicen que es la piezas más valiosa de la exposición. El Marqués de Salamanca la encontró en un yacimiento de Paestum (Italia). El rostro de la emperatriz, de gesto enérgico, probablemente ostentaba una diadema, elemento de carácter divino, que plasmaba la intención de Livia de seguir los pasos de su difunto esposo, el emperador Augusto. Otros retratos interesantes que siguen a la dama se atribuyen a personajes históricos como Tiberio, Druso el Menor, Agripina la Menor, Antonino Pío, Lucio Vero, Clodio Albino o Septimio Severo.
Entre ellos resalta el de uno de los emperadores más conocidos por la imagen cruel y despótica que la historiografía ha ofrecido de él, pues supuestamente ordenó quemar Roma, así como el asesinato de su madre en el año 59. En efecto, se trata de Nerón, representado aquí joven, pues podría rondar los 15 años, pero en quien se distinguen ya los rasgos propios del futuro emperador: cejas amplias, ojos hundidos, nariz ancha con el arranque ligeramente hundido, boca pequeña y barbilla prominente.
La comisaria de la exposición, Paloma Cabrera, jefa del departamento de Antigüedades Griegas y Romanas del museo, hizo hincapié en que "el retrato fue también la imagen de la ciudadanía". A través de él se construyó la romanidad, la pertenencia a la cultura romana. En este sentido destacan los 15 retratos privados, que fueron usados por las clases acomodadas como símbolo social de prestigio. Mandaron hacerse bustos y estatuas los patricios, los senadores, los caballeros de la clase ecuestre y también los libertos. Quedaron sobre todo representados sus rostros en piezas funerarias como estelas o sarcófagos. Los modelos éticos y virtudes romanas, como la justicia o la piedad, se simbolizaron también en estas estatuas mediante la modelación de determinados rasgos. Crearon al hombre modélico. Los romanos fueron sin duda unos maestros fisonomistas.

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jueves, 11 de septiembre de 2008

Nofre Vaquer presenta un estudio sobre el comercio en la Mallorca del siglo XVI

Viernes 25 de enero de 2008

El investigador constata que las relaciones comerciales entre la isla y Oriente Próximo concluyeron y se afianzaron con Levante

LOURDES DURÁN. PALMA. Diez años ha dedicado el investigador Nofre Vaquer al estudio de las relaciones comerciales de Mallorca en la segunda mitad del siglo XVI. Ha puesto la lupa a miles de protocolos notariales, contratos de seguro, patentes de embarcación y toda una serie de documentos que le han permitido comprobar cómo la isla dejó de comerciar con el Oriente Próximo para centrarse en el Levante español y otros países del Mediterráneo europeo.
"Desde que la isla de Rodas fue tomada por los turcos en 1522, el comercio con los países del Próximo Oriente concluye", señala el historiador. Ayer presentó su volumen especializado junto al historiador Josep Juan Vidal en La Misericòrdia.
Al cambio de los lugares de intercambio sumar las modificaciones habidas en los productos que exportaban e importaban.
Si el aceite de oliva ocupó un exiguo seis por ciento en siglos precedentes, en la segunda mitad del XVI se alza como el principal producto ocupando un cuarenta por ciento de las exportaciones mallorquinas, sobre todo a Valencia, vía Alicante. Al aceite y olivas, sumar los tejidos de baja calidad como mantas que llevaban a Sicilia y Cerdeña.
En cuanto a la entrada de productos, el trigo de Sicilia que a la vez les aseguraba a los mercaderes florentinos la moneda. Mallorca también importó cerámica de Pisa, papel de Génova y tejidos de calidad.

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