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lunes, 13 de octubre de 2008

Opinión. Una buena parábola en un mal tiempo

Lunes 13 de octubre de 2008


FELIPE ARMENDÁRIZ Ivan Murray nos plantea una excelente parábola de lo que es, lo que será y en lo que podría convertirse Balears. Murray emplea sabias palabras y utiliza expresiones muy plásticas. La imagen de la mochila con 120 kilos de basura al hombro que carga cada balear a diario es lo suficientemente elocuente para describir el disparate económico-medio ambiental en el que, hasta ahora, nos hemos sentido la mar de felices.
Los símiles de quemar billetes de 500 euros para producir energía eléctrica y derrochar combustibles sólidos para obtener un agua desalada de muy baja calidad son otros elementos de la historia del insular nuevo rico e inconsciente. El protagonista, que en el fondo somos todos, ha vivido en la confianza de que hay barra libre, y para siempre, de alimentos, petróleo barato y territorio urbanizable. Sabemos que nunca ha sido así. Y menos ahora.
El prestigioso geógrafo carga contra los turistas de los cruceros y contra los visitantes que vienen de lejos, pero, hoy por hoy, y toquemos madera, son nuestro salvavidas en la recesión universal. Rezamos para que sigan viniendo turistas, aunque sean de la Luna y nos dejen kilos de basura. La clase magistral de Murray, como toda buena parábola, choca en sus consejos con la dura realidad de la existencia humana, que siempre codicia más cosas y, por otro lado, debe sobrevivir sea como sea.

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´Quemar un billete de 500 para tener luz´

Lunes 13 de octubre de 2008

Medio ambiente. Balears sólo cubre con sus recursos el 36,3 por ciento de sus necesidades
El geógrafo Ivan Murray opina que las islas, apostando por las desaladoras y la incineración, agravan su situación

I.O. PALMA. "Estamos dilapidando con la quema de residuos de Son Reus, en vez de rebuscar entre la basura para generar otros productos. Es como si quemáramos un billete de quinientos euros para disponer de luz", expresa gráficamente Murray para ejemplicar la insostenibilidad del modelo balear.
"Estados Unidos, por ejemplo, utiliza recursos propios para satisfacer el 92,99% de sus necesidades. Este porcentaje se reduce al 60% en la media europea y al 61% en el caso de España. Balears, con sus recursos, tan sólo cubre el 36,3 por ciento de sus necesidades", cuantifica el geógrafo de la UIB.
Balears importa todos los recursos energéticos que consume así como la totalidad de los productos metálicos que usa. Estos denominados "productos metálicos" engloban desde los coches hasta todo tipo de maquinaria. De la misma manera tiene que adquirir fuera del archipiélago más de la mitad de los productos bióticos -los procedentes de la pesca, agricultura, sector maderero- que utiliza. Lo que sí sigue funcionando en Balears es la producción de las canteras, incentivadas además por el boom de la construcción, señala el geógrafo de la UIB.
La solución, para Murray, pasa por diversificar la economía isleña, apostar por un turismo más de proximidad, nacional, y que arribe a las islas en barco, un transporte mucho más ecológicamente sostenible.
Pero Balears se dirige por un camino diametralmente contrario que apuesta por las desaladoras y un tercer horno en Son Reus, denuncia Murray.
"La reconversión del puerto de Palma para poder acoger cruceros de lujo, por ejemplo. Supondrá una inversión de 1.000 millones de euros y aumentará en unas cien hectáreas el actual espejo de agua. Supone un gran consumo de superficie para un turismo que sólo pasa en las islas un día y medio y que, contrariamente a lo que se piensa, no se trata de turistas de alto poder adquisitivo ya que suelen llegar en régimen de todo incluido", ejemplifica el geógrafo.

Un pueblo como Sóller

"La llegada de dos a cuatro cruceros diarios supone aumentar la población de Mallorca en diez o quince mil personas, como un pueblo de Sóller brotado espontáneamente. Los servicios que utilizarán en el puerto así como la eliminación de los residuos que generen se les acabará repercutiendo a los ciudadanos de Palma en aras de la competitividad y debido a que la movilidad de estos barcos les permite desplazarse a destinos más ventajosos", augura Murray.
"En Balears se generan 43,9 toneladas de residuos por persona y año, lo que significa lo mismo como que cada día del año cada balear se colocara una mochila de 120 kilos de peso a la espalda. La media mundial se sitúa en las 19 toneladas anuales y los 52 kilos diarios. En los países empobrecidos o del Tercer Mundo estas cifras se reducen hasta las 7,7 toneladas anuales o 21 kilos diarios", continúa dando cifras Murray.
Todo pasa por darle la espalda al actual modelo de consumo y crecimiento económico y obtener unos beneficios de la conservación medioambiental que, en el caso de Balears, es evidente. Los millones de turistas que cada año llegan a las islas lo hacen atraídos por su riqueza natural.

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Un turista llega con cincuenta kilos de carburante a sus espaldas

Lunes 13 de octubre de 2008


I.O. PALMA. La dependencia energética de Balears de los combustibles fósiles para alimentar las centrales térmicas de Es Murterar así como Son Reus y Es Tresorer así como el intenso tráfico aéreo que cada año posibilita que lleguen a las islas doce millones de turistas suman para que las islas salgan malparadas en la sostenibilidad medioambiental. Cada turista, ha contabilizado Murray, lleva encima de sus espaldas cincuenta kilos de carburante nada más aterrizar en cualquiera de los aeródromos del archipiélago.
"En 1973, el 45% del consumo de petróleo estaba vinculado al transporte. En la actualidad, este porcentaje sube hasta el 60%. Estados Unidos actuó en la década de los noventa como gendarme del mundo y posibilitó un petróleo barato, a ocho dólares el barril, lo que ha favorecido la globalización. ¿Cómo si no se entiende que salga rentable consumir carne de cordero producida a doce mil kilómetros de distancia", se cuestiona el especialista en sostenibilidad medioambiental.
En Balears, el consumo energético se ha multiplicado por 13,8 desde los años 60 mientras que la población lo ha hecho por dos, se ha duplicado", ilustra Murray para quien esto es debido a la "proliferación de los objetos domésticos extravagantes. Desde los años noventa hasta la actualidad el consumo energético ha aumentado un 70% y, sinceramente, ¿se vivía tan precariamente en esos años para justificar este aumento del consumo?".

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Balears necesitaría un territorio 16 veces mayor para ser sostenible

Lunes 13 de octubre de 2008


Cada habitante del archipiélago tendría que disponer de 6,3 hectáreas para producir y eliminar los residuos que consume

I. OLAIZOLA. PALMA. Cada habitante de Balears tendría que tener a su disposición 6,3 hectáreas para que el archipiélago pudiera ser medioambientalmente sostenible, lo que en definitiva se traduce en que serían necesarias casi 16 veces la superficie de las islas para mantener el actual nivel de vida en el archipiélago.
El geógrafo Ivan Murray está desarrollando una tesis sobre la huella ecológica de Balears. Este concepto, explica, sería el indicador agregado definido como el área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población dada con un modo de vida específico.
El objetivo de la huella ecológica es, por tanto, evaluar el impacto sobre el planeta de una determinada forma de vida. Es un indicador clave para la sostenibilidad y en él Balears sale bastante malparado.
Así, Murray especifica que, tirando a la baja, cada isleño necesitaría las citadas 6,3 hectáreas para mantener su actual tren de vida que se desglosarían de la siguiente manera: 5,12 hectáreas corresponderían a la huella terrestre y 1,17 hectáreas a la marina.

Huella turística

Según el geógrafo de la UIB, el archipiélago necesitaría ser 15,7 veces más grande en su extensión terrestre y tener una superficie marina 1,7 veces superior a la actual con una economía sustentada casi exclusivamente en el turismo.
Porque los visitantes que cada año eligen las islas para pasar su vacaciones también consumen recursos y dejan su huella ecológica. Murray también ha hecho sus cálculos para determinar el impacto de esta actividad.
Así, para una estancia media de diez días, cada uno de los aproximadamente doce millones de turistas que visitan el archipiélago cada año necesitaría 0,165 hectáreas. Sumado el total, sólo la actividad turística supondría una necesidad de 3,7 veces más de la superficie total de las islas y 0,4 veces la superficie marítima.
Para determinar el territorio que necesitarían los residentes en Balears para cubrir sus necesidades habría que restar estas últimas cantidades de la actividad turística a las primeras.
Así, sin contar con la principal fuente de ingresos de la comunidad, el millón de habitantes en las islas necesitarían una superficie terrestre casi doce veces mayor que la actual y una superficie marina 1,3 veces superior.
Para hacerse una idea de la magnitud de estas cifras, en todo el mundo cada ser humano necesitaría una media de 2,3 hectáreas y sólo hay 1,8 disponibles.
En la clasificación mundial de la huella ecológica aparece en primer lugar los Emiratos Árabes Unidos. Con una población de tres millones de personas, necesita una superficie de 11,9 hectáreas por habitante para satisfacer sus necesidades.
El segundo lugar lo ocupa estados Unidos, con sus 294 millones de habitantes y cada uno de ellos necesitaría 9,6 hectáreas. Canadá tendría una necesidad de 7,6 hectáreas mientras que las necesidades de la población española en general rondaría las 5,4 hectáreas por habitante.

Lugares muy alejados

La huella ecológica de la mayoría de los países desarrollados supera ampliamente su propia superficie ya que extraen recursos y vierten residuos en lugares muy alejados del planeta.
El modo de vida característico de los países más desarrollados y ricos del planeta no puede extenderse al resto de sus habitantes, pero las cosas no van por ese camino.
"China es el segundo emisor mundial de dióxido de carbono. Y el 65% de sus emisiones son causadas por la producción exportadora. China se está convirtiendo en la fábrica del mundo y el paraíso de la empresa", alerta Murray.
En cualquier caso, Balears, que para el geógrafo podría ser uno de los laboratorios mundiales de los análisis de la sostenibilidad, cada vez depende menos de sus propios recursos. "Importamos todo los recursos que utilizamos. Vivimos del paisaje", concluye.

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