martes, 9 de junio de 2009

El escocés que quiso convertirse en el hombre del tiempo

Laura Jurado | Palma martes 09/06/2009

libro

Nubes de evolución, anticiclones y precipitaciones moderadas. Cuando George Cleghorn llegó a Menorca no conocía ninguna de estas expresiones; ni siquiera que, a la que iba a ser su nueva casa, la llamaban l’illa del vent. Fue el primero en observar el cielo y convertirse en el hombre del tiempo.

Su excelente currículum estudiantil hizo que en 1736 fuese destinado a Menorca con sólo 20 años. Una especie de beca Erasmus como cirujano del 22º regimiento de infantería del general Saint Clair. Se había formado en cirugía con el prestigioso profesor Monro –que le acogió en su propia casa– y complementó sus estudios con cursos de botánica y química. Finalmente se licenciaba en Medicina en su Edimburgo natal.

Pasó 13 años en la isla, pero no fue hasta su vuelta a Londres cuando se conoció la verdadera importancia de aquella estancia. En 1751 publicaba Observations on the epidemical diseases in Minorca. «En aquella época los médicos y científicos solían recoger en una obra sus experiencias fuera de su país para que pudieran ser útiles para otros. A Cleghorn le recomendaron hacer un libro de topografías médicas que analizase la relación entre las enfermedades más frecuentes y las características del clima», explica el historiador menorquín Josep Miquel Vidal Hernández.

La malaria era uno de los males que centraban la obra, «una enfermedad que afectaba a gran parte del Mediterráneo y de la que apenas se había escrito», afirma Vidal. En su estudio Cleghorn analizaba los efectos de la quinina de los barcos –una sustancia que se extraía de la corteza del quino y que posee propiedades febrífugas– como cura. Sin embargo, su intención de crear una topografía médica de Menorca resultaba aún más llamativa. Una correlación entre el clima y las enfermedades que incluía las primeras mediciones climatológicas de la isla.

Aquel primer hombre del tiempo aún no necesitaba pantallas ni punteros. Sobre su método de trabajo sólo se sabe lo que el propio Cleghorn escribió. Durante seis años –de 1744 a 1749 ambos incluidos– confeccionó una tabla que recogía las temperaturas diarias, así como la media, la máxima y la mínima de cada mes. Una hazaña pionera en la Historia empequeñecida por la propia falta de recursos. Su único instrumento era un termómetro graduado en la escala Fahrenheit –«más primitivo que el que hoy tiene cualquiera en casa»– con el que hacía sus mediciones diarias a las tres de la tarde y en el interior de una casa.

La tecnología todavía no estaba hecha para la meteorología y el escocés veía limitadas sus mediciones por la falta de aparatos. Las lluvias se reducían a un control cualitativo: débiles, normales, fuertes o muy fuertes. Sus ojos eran el único pluviómetro para apreciar las cantidades y el número de días lluviosos. La calidad del aire era uno de los aspectos que más interesaba a Cleghorn –la humedad, la limpieza, el origen del viento...– porque creía que era el que más podía influir en la salud. «El aire húmedo se asociaba con las enfermedades mientras que el seco se consideraba sano porque las patologías aparecían cerca del mar o las albuferas», añade el historiador.

Un catálogo de la flora y la fauna menorquinas –con más de 500 términos con los nombres en latín y menorquín– completaban la obra del escocés que se convirtió casi en un best seller con continuas reediciones y traducciones. En su faceta de meteorólogo intentó caracterizar los cambios estacionales en la isla aunque, para Vidal Hernández, es muy difícil extraer conclusiones generales sobre el clima de Menorca porque sus mediciones –además de hacerse en el interior de edificios en el caso de la temperatura– cambiaban de lugar con los traslados del regimiento y muchas veces no se indicaba su ubicación. «Sus mediciones resultan de mayor interés por ser las primeras en la isla. Unos estudios que no tuvieron continuidad hasta setenta años después», asegura el historiador. En 1749 su regimiento, bajo las órdenes del general Offarrell, fue trasladado a Irlanda. Poco después el escocés se trasladaba a Londres. Con la publicación de su libro, Cleghorn logró situar a Menorca en el mapa sino internacional sí de las isobaras.

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El regreso del Tranvía

Trazos de Historia Martes, 09 de Junio de 2009
Por Josep Maria Osma

tranvía

En la ciudad de Palma, desde hace poco tiempo todavía apellidada “de Mallorca”, no pasa mucho tiempo donde una nueva polémica surja y sea motivo de vertido de ríos de tinta en la prensa local y comidilla de tertulias de bares. Ahora, y en plena orden del día, además de las innumerables obras que hacen de la urbe un queso gruiere, tenemos la del regreso del tranvía y su diseñado controvertido por las principales arterias viarias, y cuyas obras están previstas darles inicio en el 2011. Pero, dejemos para quién o quiénes corresponda resolver ese problema de trazado, y centrémonos en los casi setenta años de vida palmesana de ese medio de locomoción público.

Fue en el año 1890, cuando se fundó en Palma la Compañía Mallorquina de Ómnibus. El ómnibus era una especie de “jardinera” con capacidad para diez pasajeros con fuerza de dos mulas, siendo conocidas con el nombre de Ripper.

A año siguiente, se creó la Sociedad Mallorquina de Tranvías, también a fuerza de sangre, es decir, a mulas o caballos. Esta sociedad obtuvo La concesión de la línea que se iniciaba en el centro de palma finalizando en Porto Pi, donde en La Costa de Ses Rafaletes, lugar hoy en día convertido en un gran centro comercial, se ubicaban sus cocheras y talleres. Esos coche en invierno eran cerrados y en verano descubiertos; en total el rol era de una docena de unidades.

La Sociedad General de Tranvías Eléctricos Interurbanos de Palma, la primera sociedad en incorporar tranvía eléctrico en nuestra ciudad, fue fundada en el 1914. Dos años después se inauguraba, y de forma trágica, la primera línea. Un vehículo, perdió el equilibrio en la calle Conqueridor, a la altura del actual Parlament Balear, rodando hasta la plaza de la Reina matando a un niño.

Una curiosa anécdota de esa primera época de los tranvías eléctricos palmesanos fue, según el escritor Màrius Verdaguer en su La Ciudad Desvanecida, libro publicado en el 1953, la de la mula que era enganchada a los coches tranvieros y con su fuerza los hacía subir hasta la altura del hoy Consell Insular de Mallorca; después, era desenganchada y ella sola regresaba hasta la plaza de la Reina en espera del siguiente tranvía para repetir la maniobra.

Hata el año 1929, se crearon las líneas del Born a la plaza de Mercadal, Porto Pi, Son Roca, Soledad, Pont d´Inca, Coll d´en Rebassa, Plaza de Toros, Génova, Hostalets d´en Canyelles, Rambla, S´Arenal (ya con gasolina), en el 1935 fue inaugurada la línea del puerto comercial, donde hoy en día se pueden observar sobre el suelo restos de vías férreas.

Después de la Guerra Civil (1936-1939), se eliminaron muchos recorridos. En el año 1948, un mortal accidente en el Molinar, hace que se suprima la línea del Coll d´en Rebassa, llegando hasta la desaparición total de los tranvías por de las calles palmesanas en el 1959, dando paso otro medio de transporte público: el autobús.

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jueves, 4 de junio de 2009

Obelisco de la plaza de la Puerta de Santa Catalina

Jueves 04 de junio de 2009

No hay duda. La fuente ornamental coronada por un obelisco situada en la plaza Porta de Santa Catalina fue encargada por un ayuntamiento franquista en 1941 para honrar la memoria no sólo de los titulares de la plaza –los denominados Jinetes de Alcalá–, sino "a todos los que tan heróicamente lucharon y consiguieron salvar esta isla del dominio rojo", tal como se señala en el informe técnico encargado por el actual equipo de gobierno de Cort, con el fin de dilucidar si se debe o no suprimir el monumento aprovechando la reforma que se está ejecutando en estos momentos.
Pero el informe, que no es concluyente en el sentido de si se debe o no eliminar el monumento de la plaza en aplicación de la Ley de Memoria Histórica, también pone de manifiesto que fue proyectado por un arquitecto municipal represaliado por los militares golpistas.
Se trata de Enrique Juncosa Iglesias (Palma 1902-1975), nombrado arquitecto municipal en 1931 y que ejerció el cargo hasta que fue apartado del mismo en 1937 "en virtud de los Decretos de Autoridad Militar y Gobierno de Burgos". No obstante, en 1941 figura nuevamente como arquitecto municipal, cargo que deja definitivamente dos años después, en 1943. Juncosa era hermano de Pilar Juncosa, la mujer del pintor Joan Miró y, como arquitecto, también fue el autor de la casa de Son Abrines (1954) anexa ahora a la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca.
Lo cierto es que en el interín (en 1941), Juncosa proyectó, por encargo del entonces Consistorio, el monumento de la plaza como parte integrante del proyecto de urbanización de la plaza, "con el fin de que desaparezca el estado salvaje en que se encuentra". El arquitecto pavimenta las vías circundantes y traza "un sencillo jardín", que incluye la siembra de los pinos actuales, según se lee en la memoria que acompaña el acta de la Comisión de Obras y Reforma Interior.
En el centro "y en memoria de los titulares de la plaza" –en ningún momento nombra a los militares golpistas que le daban nombre– se proyecta "un sencillo obelisco rodeado de un pequeño estanque con el fin de que, además de su aspecto decorativo, tenga el fin práctico de proveer de agua a los vecinos de aquella barriada". Disponer de una fuente de agua en la plaza era una antigua reivindicación vecinal del Puig de Sant Pere, que se remontaba a finales del siglo XIX, ya que cuando se construyó el cuartel en el interior del Baluard los vecinos dejaron de tener libre acceso a su aljibe interior, provocando este hecho constantes conflictos.
Otra cuestión curiosa que rodea la génesis de este monumento, que nunca ha sido cuestionado por los vecinos del Puig de Sant Pere, es su estética claramente masónica. Según el estudio técnico municipal, "su referente estético son las fuentes decimonónicas de Palma, especialmente la Fuente de las Tortugas". El estudio señala asimismo que "el obelisco es un elemento rechazado por la estética franquista que lo relacionaba con la masonería". Pero hay más, el arquitecto no sólo consiguió "colar" la cuestión ornamental, sino que adornó el monumento con un escudo de Palma –que aún se puede ver– y una placa, desaparecida hace años, que rezaba así: "A la memoria de las cosas".
Juncosa se tituló por la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona. Al principio de su carrera profesional estuvo vinculado con Guillem Forteza. Entre sus obras destacan la Casa Ques (1932), la casa para Gabriel Esteva (Arxiduc, 31, 1934), la clínica Mare Nostrum (1936), el edificio de la Transmediterránea (1936), el edificio del cine Actualidades (1940), la casa para Gabriel Tarongí (Jardí Botànic 6, 1841) y el cine Capitol (1945). También ejecutó la reforma del Gran Hotel, del que conservó todos sus elementos modernistas, una corriente artística especialmente denostada por el régimen.
El arquitecto autor del proyecto de reforma actual, Frederic Climent, se pregunta hasta dónde hay que llegar en aplicación de la Ley de la Memoria "¿También hay que quitar los pinos por franquistas?"

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Historia de El Terreno (II)

Domingo 31 de mayo de 2009

BARTOMEU BESTARD (*) El Terreno a finales del siglo XIX ya tenía el aspecto de un barrio de recreo. En esa época la familia Gomila, que tenía bienes en las Antillas –allí pasaba largas temporadas–, se construyó una casa en El Terreno para pasar las vacaciones. Los señores Gomila decidieron ceder al Ayuntamiento un espacio perteneciente a su solar para que sus hijos, junto con otros niños convecinos, jugasen a sus anchas. Con esta cesión, además, se mejoró el acceso de las casas vecinas con la carretera de Andratx (hoy calle Joan Miró) e incluso se permitió construir junto a la parcela de recreo infantil, un "Bornet" para el disfrute de los adultos. Este nuevo espacio fue conocido como "sa Placeta". Al cabo de unos años la familia Gomila se fue definitivamente a Santiago de Cuba y su casa, muchos años después, se convertiría en la sala de fiestas Tito´s. Algunos años más sobrevivió "sa Placeta", la cual estaba configurada por unos bancos de piedra entre los cuales había columnas que sostenía unas hidrias como las que había en el paseo "des Born". Nada queda de aquel espacio. Hoy, en su lugar, encontramos una plaza Gomila insulsa y triste, dónde sólo los terreneros más mayores pueden revivir entre sus recuerdos brumosos aquellas tardes estivales en "sa Placeta", a la sombra del castillo de Bellver. En esta misma plaza vivió uno de los personajes más famosos que han habitado en El Terreno: el pintor Santiago Rusiñol. Según cuenta Lluís Fábregas –terrenero de pro– en sus memorias "Estampas de El Terreno", el pintor catalán vino a Mallorca a consecuencia del éxito que tuvo el artista Lorenzo Cerdà en la Exposición Universal de Barcelona. Cerdà entabló amistad con Rusiñol. El mallorquín mostró algunos lienzos de paisajes de Mallorca al pintor catalán, el cual quedó maravillado. Tanto fue así que Rusiñol decidió visitar la Isla. Así empezó su relación con Palma. Once años después de la Exposición Universal, Rusiñol, junto a su esposa e hija, llegó a Palma con la intención de quedarse. Tenía apalabrada una casa en la plaza Gomila, esquina con lo que fue la calle Nube, "verdadera balconada mediterránea". Los de mi generación hemos conocido ese lugar como el lúgubre callejón del "Chotis", que nada tiene que ver ya con ese rincón idílico del que nos habla Fábregas. Realmente esa casa debía ser un pequeño paraíso. Tanto Rusiñol como su esposa e hija quedaron hechizados de ese lugar. Enseguida se integraron en la vida del barrio. El pintor catalán llegó a ser miembro permanente en la tertulia "des Capellà Sec", auténtico parlamento de la "república" terrenera. Asistían a esa tertulia Pep Rover, Gabriel Alomar Villalonga, Francisco Escalades, Lluís Martí... entre otros. En casa de los Rusiñol fue a vivir el pintor Joaquim Mir. Tenían como vecinos al señor Pinto, profesor de piano, casado con una hermana del famoso pintor Gaspar Terrassa, también terrenero de toda la vida, con quien Rusiñol entabló una gran amistad. María Rusiñol, hija del pintor catalán, cuenta en sus memorias que Terrassa era "altísimo, esbelto, distinguido. La barba blanca. Y sus ojos de azul clarísimo. En verano, vestía traje blanco y su aseo era tal, que, de haber existido detergentes ninguno de ellos hubiera podido competir con él. Fou l´homo més net del món". Ciertamente, en El Terreno todos los vecinos conocían la exagerada manía del pintor Terrassa. Se conoce la anécdota de cuando llovía, la calle Joan Miró, todavía sin asfaltar, se convertía en un barrizal. Por este motivo era costumbre hacer "caminitos" colocando periódicos en el suelo que iban desde la entrada de las casas hasta la parada del tranvía. Nada más caer cuatro gotas, uno de los primeros vecinos en abrir "caminitos" de periódicos era Gaspar Terrassa. Uno de esos días lluviosos pasó el carro "d´en Confit", que para desgracia del carretero salpicó el blanco traje del pintor, que como un funámbulo iba por encima del "caminito". Mientras el tal Confit huía del colérico pintor, tuvo que escuchar toda una serie de improperios, insultos y demás palabras gruesas dirigidas a su persona y a la bestia que tiraba del carro lo que provocó que varias damas presentes en el momento del "atentado", tuviesen que taparse los oídos escandalizadas.
Se podrían contar innumerables anécdotas y sucesos del El Terreno que denotan el buen ambiente que allí se respiraba. Entre los actos socio-deportivos que tuvieron lugar en el barrio destacó un campeonato de tenis. La sociedad recreativa "La Veda" tenía un campo de deporte en el Corb Marí. Allí se reunían las mejores raquetas mallorquinas de la época. Un día se organizó un campeonato entre mallorquines y catalanes, estos últimos pertenecientes al prestigioso club barcelonés "Turó Park". Ante el estupor y sorpresa de la selección catalana, ganaron los mallorquines. Los isleños hicieron muestras de caballerosidad al regalar la copa a los visitantes como obsequio de la visita. Éste detalle fue recogido por la prensa catalana quedando de manifiesto la generosidad y elegancia de los mallorquines.
Se suele decir que cada sociedad produce su arte –lo que incluye también su arquitectura–, a través del cual se transmiten sus valores, emociones, sentimientos… Mirando la estampa de El Terreno en la década de los años veinte o treinta contemplamos un conjunto de casas unifamiliares con sus jardines, huertos y verjas. Fue una época en que el vecino de delante procuraba no quitar las bellas vistas al vecino de detrás. Fue una época que mirando las fotografías o escuchando a los más mayores rememorando anécdotas, uno intuye una sociedad sana, en armonía, al menos esa armonía imperfecta que podemos llegar a conseguir en algunos momentos los hombres. El Terreno cambió. Ya en 1974, Lluís Fábregas, a propósito de la destrucción urbanística que sufrió el barrio, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, dejó escrito que "con el «cuento» del progreso, s´ha malmanat lo millor del Món. [Este] magnífico legado de nuestros bisabuelos, que sus tataranietos en su codicia han malbaratado para siempre". Para los que queremos El Terreno, cosa sádica es pasearse por sus calles de hoy contemplando fotos antiguas de su ayer.

* Cronista oficial de Palma

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miércoles, 3 de junio de 2009

1814. Fraunhofer y las líneas oscuras del Sol

Rafael Bachiller | Madrid miércoles 03/06/2009

espectro
El espectro solar con miles de líneas oscuras. | NOAO

En 1814, un fabricante de vidrios bávaro, Joseph Fraunhofer, al analizar la luz solar descubrió unas misteriosas líneas oscuras que aparecían en frecuencias muy bien definidas.

Medio siglo después, Kirchhoff y Bunsen demostrarían que estas líneas de Fraunhofer eran las huellas dactilares de los elementos presentes en la atmósfera del Sol. El 'análisis espectral' inventado por Fraunhofer podía servir, por tanto, para realizar un sueño de los astrónomos: determinar la composición química tanto del Sol como de otros astros. Nacía así la Astrofísica.

La composición de la luz solar
En el siglo XVII Newton había demostrado que, contrariamente a lo que se pensó durante siglos, la luz blanca no era algo "simple" sino que estaba compuesta de los colores del arco iris. Sus experimentos descompusieron la luz solar en todos estos colores y, recíprocamente, combinaron estos colores (utilizando un lente) para obtener luz blanca.

El químico inglés William Hyde Wollaston (1766-1828) perfeccionó en 1802 el experimento de la descomposición de la luz solar de Newton, instalando una rendija estrecha en la trayectoria de un rayo de luz solar. Wollaston fue el primero en descubrir así unas siete líneas oscuras entre los colores del espectro solar, pero falló en su simple interpretación de que estas líneas oscuras no eran más que meras separaciones entre los colores del arco iris.

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Fraunhofer con su espectrógrafo. | Richard Wimmer
Sería el óptico bávaro Joseph Fraunhofer quien utilizando una instrumentación mucho más sofisticada descubriría, en 1814, unas 600 líneas oscuras en el espectro solar. A mediados del XIX, Kirchoff y Bunsen demostrarían que cada una de estas líneas estaba asociada con un elemento químico, y que por tanto el espectro de 'Fraunhofer' podía servir para determinar la composición química del Sol.

Un fabricante de vidrios
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Joseph Fraunhofer. | Universidad de Oklahoma
Fraunhofer nació en Straubing, un pueblo de Baviera, en 1787. Huérfano a los 11 años, comenzó muy joven a trabajar como aprendiz de fabricante de vidrios.

Tras derrumbarse su taller en 1801, el príncipe José Maximiliano IV de Baviera, que dirigió personalmente las tareas de rescate, entró en contacto con el joven y le estimuló y ayudó para progresar en su aprendizaje. En poco tiempo Fraunhofer desarrolló un método para fabricar los mejores vidrios ópticos de su tiempo y a los 31 años de edad ya era director del Instituto Benedikbeuern de óptica que poseía el liderazgo mundial en su disciplina.

Posiblemente a causa de los vapores metálicos venenosos que se respiraban durante la construcción del vidrio, Fraunhofer contrajo una tuberculosis pulmonar y murió joven, a los 39 años, en la ciudad de Munich.

Líneas oscuras
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Sello alemán con la firma y el espectro de Fraunhofer. | Universidad de Frankfurt
El experimento que le permitió medir casi 600 líneas oscuras (conocidas como 'líneas de Fraunhofer') en el espectro solar lo realizó en 1814 utilizando instrumentación desarrollada por él mismo. A continuación emprendió un estudio cuidadoso de estas líneas, midiendo su frecuencia con precisión. Las líneas más intensas las designó con las letras de la A (en el rojo oscuro) a la K (en el violeta).

Las huellas dactilares de los elementos químicos
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Robert Bunsen. | Enciclopedia Británica
Hay que avanzar casi medio siglo en la historia para encontrar cuál es el origen de las líneas oscuras de Fraunhofer. En 1859, el físico Gustav Kirchhoff y su amigo el químico Robert Bunsen colaboraban en la Universidad de Heidelberg repitiendo algunas experiencias de Fraunhofer para obtener el espectro de los gases desprendidos en llamas de combustión.

Kirchhoff y Bunsen encontraron que los gases producidos al calentar algunas sustancias con la llama de un mechero (el famoso mechero Bunsen) originaban líneas brillantes que estaban situadas en la misma posición del espectro que las oscuras de Fraunhofer.

Cada uno de los gases estudiados (sodio, litio, potasio, calcio, etc) emitía una serie de líneas brillantes características. Es decir, cada gas tenía una firma inequívoca compuesta por sus líneas de emisión.

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Gustav Kirchoff. | Biblioteca del Congreso de los EEUU
Poco después, el propio Kirchhoff demostró que las líneas brillantes se convertían en oscuras cuando el gas se iluminaba desde detrás con luz blanca. De forma que el espectro de la luz solar, con sus líneas oscuras, nos revela la composición de la atmósfera del Sol. Es decir, los elementos presentes en las capas superiores de la atmósfera solar absorben selectivamente la luz y estos elementos químicos dejan sus huellas dactilares en la forma de líneas oscuras. Por ejemplo, la línea D de Fraunhofer indicaba la presencia de sodio, la línea E de hierro, la G de calcio, las C y F de hidrógeno, etc.

Algunas de las líneas observadas por Fraunhofer, sin embargo, no se originaban en la atmósfera solar, sino en la terrestre. Así, las líneas A y B estaban ocasionadas por la absorción del oxígeno molecular de nuestra atmósfera.

El espectro solar con las líneas de Fraunhofer. | NASA

Con sus espectrógrafos, Fraunhofer también observó que los espectros de Sirio y de otras estrellas brillantes eran diferentes, lo que indicaba que las estrellas tenían composiciones químicas diferentes. Este 'análisis espectral' hacía así posible uno de los sueños de los astrónomos: Poder conocer de qué estaban hechos los astros. Había nacido la Astrofísica.

Curiosidades...
* Además de sus trabajos sobresalientes en óptica, se le debe a Fraunhofer la invención de la montura 'ecuatorial' de los telescopios: un dispositivo mecánico que incluye un eje de rotación paralelo al eje de rotación de la Tierra, lo que facilita enormemente el seguimiento de una estrella a lo largo de su trayectoria en la bóveda celeste.

El refractor de Fraunhofer en Tartu. | Observatorio de Tartu
* Fraunhofer construyó en 1824 un refractor de excepcional calidad (apertura de 24 cm y focal de 4 m) que fue instalado en el observatorio de Dorpat (hoy Tartu, Estonia). Con este instrumento el astrónomo von Struve realizó sus trabajos sobre estrellas dobles. Y con una copia idéntica de este instrumento, instalada en el observatorio de Berlin en 1829, Johan Gottfried Galle descubrió Neptuno en 1846.

* Tanto en vida como de manera póstuma, Fraunhofer recibió el reconocimiento de Munich de muy diversas maneras. En 1823 fue nombrado miembro de la prestigiosa Academia Bávara de Ciencias. En 1824 recibió la condecoración de Caballero de la Civilverdienstorden, con lo que accedió a la nobleza, y fue designado ciudadano honorífico. Hay una importante calle en el barrio Isarvorstadt y varios colegios y escuelas de Munich que llevan su nombre. También hay un cráter en la Luna nombrado en su honor.

* Robert Bunsen (1811-1899), químico y geólogo, se hizo célebre en gran medida por sus atrevidos experimentos con cacodiles, unos compuestos de arsénico de olor repulsivo que sufren combustión espontánea en el aire seco. En una explosión ocasionada en uno de sus experimentos perdió el ojo derecho. También fue lo suficientemente atrevido como para medir la temperatura del gran géiser de Islandia un momento antes de que entrase en erupción.
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Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional).

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martes, 2 de junio de 2009

El taller de los grandes barcos

Domingo 31 de mayo de 2009

Frente a la Seu y la Llotja están dos de las empresas de reparación náutica más importantes del Mediterráneo, aunque pocos lo saben

astilleros
La actividad en Astilleros de Mallorca está a pleno rendimiento antes de que llegue el verano. Foto: M. Massuti

RAQUEL GALÁN. PALMA. Parece que frente a la Catedral sólo está el paseo Marítimo y el Moll Vell. Frente a la Llotja y el Consolat de la Mar sucede lo mismo, la vista del paseante sólo alcanza hasta el muelle de pescadores del puerto de Palma. Sin embargo, detrás hay más vida, ya que ahí se encuentra uno de los astilleros de grandes embarcaciones de recreo más importantes del Mediterráneo. Y enfrente de la Seu, tras el Moll Vell, hay más de 103.000 metros cuadrados de explanada donde 1.500 trabajadores de 350 empresas auxiliares reparan alrededor de un millar de barcos al año. Estamos hablando de dos compañías isleñas, Astilleros de Mallorca y Servicios Técnicos Portuarios (STP), que copan el mercado de los grandes yates y veleros. Existen astilleros para barcos de pequeña y mediana eslora en varios clubes náuticos de la isla, aunque ninguno tiene capacidad para transformar de arriba abajo un velero de 55 metros de eslora, casi 700 toneladas y valorado en más de 50 millones de euros, por ejemplo.
De eso se encargan las dos empresas ubicadas frente al casco antiguo, aunque sólo lo saben quienes allí trabajan y pocos más. La primera es un astillero propiamente dicho, es decir, dedicada a la construcción –lo hizo hasta los años 90– y reparación de buques. En cuanto a STP, es un varadero o, tal como lo llama su presidente, José María Campuzano, "un área técnica con todos los servicios e infraestructuras que necesitan las industrias del sector, desde electricidad, agua a presión y recogida de residuos hasta seis fosos en tierra, cinco fosos de botadura y cinco travelift con capacidad para mover de 150 a 700 toneladas de peso". Se trata de enormes máquinas para izar y botar los barcos, y tienen ruedas cuyo diámetro llega a superar el tamaño de una persona. La joya de la corona es el más grande, "único en el Mediterráneo y muy solicitado", tal como asegura Campuzano.
Enfrente, separado por varios metros de agua, el director general de Astilleros de Mallorca, Diego Colón de Carvajal, destaca que el Marenostrum "absorbe alrededor del 70 por ciento de la flota mundial de barcos de recreo". El puerto de Palma está en el centro occidental. Su astillero no tiene fama por la ubicación, sino "porque tras tantos años de experiencia hay un reconocido prestigio entre los armadores que buscan una relación calidad-precio". Esta clase de clientes, que se gastan 300.000 euros en pintar el exterior de su barco de 50 metros de eslora, por ejemplo, "priman la calidad, aunque también miran el coste". La citada empresa repara en profundidad unos 120 barcos al año de 25 a 100 metros de eslora, detalla Colón de Carvajal. Cuenta con unos 300 empleados, entre trabajadores directos y de compañías auxiliares, y sus principales competidores están en puertos como La Ciotat (sur de Francia), Barcelona, Génova y Viareggio (Italia).
Según datos aportados por la conselleria de Economía, la construcción y reparación naval en las islas supone el 4,2 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) industrial de la comunidad autónoma. Sin embargo, discrepan tanto Colón como Joan Rosselló, gerente de STP. "Es mucho más", afirman contundentes. Lo que pasa es que no han tenido en cuenta la cantidad de empresas auxiliares que trabajan para estos barcos, como decoración, tapicería, carpintería, electricidad, pintura, comunicaciones o limpieza, entre otras.
Dar un paseo por el astillero es como visitar un polígono. En una nave tienen los equipamientos de prefabricación y corte de metal, que realizan con una máquina que sigue las instrucciones de un ordenador con dibujos en 3D de lo que deben cortar; en otra nave (el taller de arboladura) fabrican y reparan los mástiles de los barcos con maderas de spruce y pino de Oregón, las destinadas a los palos; otra instalación se centra en la mecánica; en otro lugar crean todo tipo de piezas específicas de latón, bronce, acero, etc. y hasta cientos de tareas en un espacio industrial de unos 20.000 metros cuadrados entre tierra y mar.

Un ´jacuzzi´ en la cubierta

"Podríamos construir barcos enteros, y así lo hemos hecho, aunque hemos decidido especializarnos en las reparaciones y en la transformación de alto nivel", dice Colón. Éstas últimas son aquellas que tienen un valor superior al 30 por ciento del valor del barco antes de la transformación. A veces es tan alto que supera con creces el precio inicial del yate. Algunos de estos trabajos son alargar el casco y la superestructura, sustituir los motores y grupos generadores, instalar nuevos equipos de navegación y comunicaciones, renovar la decoración o la instalación eléctrica y un largo etcétera en el que se puede incluir también instalar un jacuzzi en la cubierta del barco.
Sin embargo, lo más habitual, lo que se debe hacer todos los años, es pintar la obra viva (la parte que se sumerge en el agua), revisar los ejes y mantener la cubierta, tal como detalla Rosselló. Todas las empresas de reparación ubicadas en la explanada que STP explota en régimen de concesión están a pleno rendimiento. Queda poco tiempo para que los armadores empiecen a pedir sus casas flotantes. "El 80 por ciento son extranjeros", afirma. La cifra alcanza el 95 por ciento en Astilleros de Mallorca, "de los que alrededor de un 70 por ciento son barcos extracomunitarios", como detalla el director general.
A veces también tienen restauraciones de embarcaciones clásicas, como ahora el emblemático Hispania. En STP cuentan con algún que otro barco pesquero y varias golondrinas dedicadas a pasear turistas. No se ve ningún típico llaüt, porque de ellos se encargan los pequeños astilleros de clubes como el Portitxol y el Molinar.
El sector de la reparación de grandes embarcaciones es desconocido en la isla, "pero está ahí y debemos cuidarlo, porque da mucho trabajo y las tripulaciones viven en Palma diez meses al año, por lo que la oferta complementaria (alquileres, tiendas, hoteles, restaurantes) también se beneficia", incide Campuzano.
Se estima que un diez por ciento del precio de un barco de este tipo es destinado a pagar seguros, tripulación y reparación, de la que se encarga una gran mayoría de empresas locales, muchas de ellas pequeñas y situadas a dos pasos del casco antiguo.

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El ‘eslabón perdido’ entre los Lumière y Villaronga

Laura Jurado | Palma martes 02/06/2009

Cuando Hollywood llamó a Fructuós Gelabert él no dudó en rechazar la oferta. Le ataba a su Barcelona natal una doble responsabilidad: la de atender a su padre y a su hermana y la del desarrollo del cine en España. Nunca tuvo alfombras rojas ni Goyas honoríficos pero fue también el primer cineasta en Baleares.

Gelabert tenía sólo 22 años cuando –en 1896– llegaron a Barcelona las películas de los hermanos Lumière. Él –hijo de un carpintero mallorquín– quedó absolutamente fascinado con el nuevo invento. Sus conocimientos de mecánica y sus contactos con el cine le llevaron a construirse su propia cámara: un piñón, una excéntrica, un carro y una rueda dentada. El objetivo se lo prestó un familiar y la película la compró en Lyon. «Era una cámara copia de las de los Lumière, toda de madera y que, con sólo cambiar unas piezas, podía pasar de la filmación a la proyección», explica la licenciada en Historia del Arte y profesora asociada de la UIB, Catalina Aguiló.

En 1897 el catalán dirigía la primera película en España: Riña en un café, donde era también guionista y actor. Después llegaron las escenas costumbristas como Salida de los trabajadores de la España Industrial que hicieron que los primeros espectadores acudieran a las salas a verse a ellos mismos. En los seis días de proyecciones de las fiestas de Sants recaudó 1.500 pesetas. Un año más tarde llegaba a Mallorca para instalar un aparato de proyección por encargo de la casa Rossell. Una dinamo y un motor de gas hacían funcionar la máquina a falta de tendido eléctrico.

Era la segunda vez que un cinematógrafo llegaba a la Isla. En 1897 el Teatre Principal de Palma proyectaba las películas de los Lumière que ya habían llegado a otras ciudades españolas.Un año después, Gelabert sustituía a los franceses detrás de las cámaras y filmaba Llegada del vapor Bellver a Mallorca. «Fue la primera película rodada en Baleares. No está documentada aquí pero sí en Barcelona, por eso al principio se pensó que era la llegada del vapor desde Mallorca», afirma Aguiló. Diez años después volvería para filmar Mallorca, isla dorada. Un viaje vacacional en 1908 que se convirtió en el retrato de las costumbres y los paisajes de la Isla: la Cartuja de Valldemossa, el castillo de Bellver o las cuevas de Artà.

Su fama fue creciendo hasta que le ofrecieron trabajar en América y ser socio de un nuevo proyecto. Por aquel entonces, el cine americano estaba muy por detrás con producciones de corto metraje y Gelabert creía en la responsabilidad de desarrollar la industria cinematográfica en España. Un objetivo al que contribuyó con la creación de los primeros estudios, Boreal Films, en 1914. Sin embargo el estallido de la Primera Guerra Mundial truncó sus planes: se acabó la exportación de films a países beligerantes y la importación de película virgen lo cual llevó a la paralización del negocio.

El cine americano comenzó entonces a ganar terreno hasta encabezar el sector. «Representaba la visión comercial que Europa no tuvo. Aquí los pioneros del cine eran personajes románticos, visionarios, pero muy malos para el negocio», asegura Aguiló. Gelabert vendió sus estudios y quiso retomar su faceta de cineasta intentando recuperar un tren que le había adelantado hacía tiempo. En 1928 filmaba su última producción, El puntaire. Sus películas seguían siendo mudas –con actores escondidos que reproducían los diálogos– cuando hacía tiempo que el cine ya hablaba en Barcelona. «Creía que el cine tenía una expresividad suficiente con las imágenes. Muchos pensaron que el cine sonoro sería un fracaso», añade la profesora.

Cuando falleció, encerrado en su taller, Gelabert acumulaba un centenar de películas en su trayectoria. Nunca tuvo una estrella en el Paseo de la Fama y muchas de sus cintas ni siquiera han logrado conservarse, pero cada fotograma lleva impregnada una parte de su historia.

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