miércoles, 18 de febrero de 2009

Goletas en el Mediterráneo

Manolo Rives publica en un suplemento de Náutica del Diario de Mallorca unos artículos sobre la historia de la navegación bajo el título de Historia Naval. Por ser artículos muy interesantes, transcribo hoy el titulado Las goletas en el Mediterráneo, publicado el día 12 de junio de 2005. Acompañan estos artículos unas magníficas ilustraciones de Ramon Sampol Isern
goleta, por Ramon Sampol Isern

Las goletas en el Mediterráneo


Las goletas, tipo de aparejo que fue el más usado por los marinos baleares durante la época dorada de nuestra navegación vélica comercial, daban un excelente resultado para navegar en ceñida o de bolina, recibiendo el viento cercano a proa. Sin embargo, cuando se trataba de navegar con vientos que venían por la popa, la cosa no iba tan bien.
Había una manera característica de andar veloz con el viento bien de popa, que consistía en largar las escotas casi del todo, orientando las velas de un palo por un costado del buque y las del otro palo por el otro costado, formándose de este modo una gran pantalla que recibía mucho viento, adquiriendo la embarcación buena velocidad.
Pero navegar así tenía también sus inconvenientes. En primer lugar sólo se podía hacer en caso de recibir el viento exactamente de popa y manteniendo un grandísimo cuidado, pues si se producía un cambio repentino de la dirección del viento, las consecuencias podían ser desastrosas, hasta el punto de venirse abajo los mástiles con todos sus aparejos. Otro inconveniente era que cuando se navegaba así, la embarcación daba fuertes bandazos a uno y otro lado, pudiendo verse maltratada la carga, o corrimiento de la misma con riesgo para la estabilidad.
Cuando se generalizaron los viajes al otro lado del Atlántico, mar en que predominan los vientos constantes, se comprobó que con vientos de popa daban mejores resultados los bergantines, que usan velas cuadras o de forma rectangular sujetas mediante una verga de manera cruzada en sus dos mástiles. Caso de tener más de dos se denominan fragatas. Sólo que, en lógica reciprocidad, cuando se trataba de navegar con el viento de la parte de proa, no lo hacían tan bien como las goletas.
Hechas estas observaciones con estos tipos de aparejo, con toda lógica, tanto marinos como constructores llegaron a la conclusión de que lo ideal sería contar con un barco cuyo aparejo fuera una combinación de los otros dos, para de esa manera navegar de forma satisfactoria tanto con los vientos de proa como de popa. De este modo hizo su aparición lo que se llamó bergantín - goleta, embarcación que tenía un palo de bergantín y el otro de goleta, y en caso de contar con más palos, también eran estos de goleta.
Buen resultado debió dar la innovación, a juzgar por el elevado número de bergantines - goletas que a partir de mediados del siglo XIX surcaron todos los mares del mundo hasta que se acabó la navegación a vela. Y al decir se acabó, nos referimos a la marina de comercio, pues en la de recreo todavía hoy en día se pueden encontrar numerosas naves de esta tipología.
En las matrículas de Baleares fueron esta clase de embarcaciones las más abundantes, por detrás de las goletas sencillas. Las hubo de dos y tres mástiles. El experimento de combinar aparejos se llevó a cabo también, como era de esperar, con otras clases de buques. Así, a los clásicos bergantines, en vez de sustituírles su palo mayor cruzado por uno de goleta, se le añadió un tercero de esta clase, resultando un aparejo que recibió la denominación de bergantín - barca, llamado con más frecuencia bricbarca, por influencia inglesa. También fueron llamados muy a menudo corbetas, si bien esta denominación es impropia. Hubo bastantes unidades de esta clase en la marina balear, si bien no fueron tan abundantes como las otras dos de que hemos hablado antes. Ello se explica al considerar que estas bricbarcas eran buques de un porte que iba de medio - grande a verdaderamente grande. El último barco de vela puro, sin ningún tipo de motor auxiliar que figuró en la marina mercante de España, fue precisamente un bricbarca botado en Palma a mediados del siglo XIX, con el nombre de Anibal [otra página sobre el Anibal]. En los años 30 del pasado siglo todavía efectuaba viajes a las Antillas con el nombre de "Guadalhorce", cuando se hundió a causa de un huracán cerca de las costas de Cuba.
Esta idea de instalar un mástil con velas de goleta se aplicó asimismo a las fragatas, buques de un mínimo de tres palos, todos cruzados (venían a ser como un bergantín, pero con más de dos palos). Eran esta clase de embarcaciones las de mayor tamaño de la época de la vela, dedicándose a largas travesías. Con la incorporación del mencionado palo de goleta, que era siempre el de mesana, o de más a popa, recibían el nombre de fragata - barca, aunque por lo general, se les solía denominar barca, simplemente. No consta que en la marina de las Baleares hubiera ninguna embarcación de esta clase.
El único buque de cuatro mástiles que ha habido en nuestra inscripción marítima fue el que llevó por nombre Sant Mus, y fue un bergantín goleta botado en Palma en los tiempos de la Primera Guerra Mundial. En su época fue el mayor velero mercante que jamás había sido construído en España, si bien no pudo competir con el "Anibal" el honor de ser velero puro hasta el final, pues sólo lo fue en su primer viaje y solo de ida, pues éste fue a New York para que allí le instalaran un motor diesel auxiliar. Cambió de propietario el "Sant Mus" varias veces y no llegó a efectuar muchas singladuras, pues al parecer, el aparejo se avenía mal con las líneas de su casco, lo que provocaba que diera muy fuertes bandazos y que fuera muy difícil de gobernar. Cuando estalló la Guerra Civil Española llevaba una serie de años sin navegar y cuando la contienda acabó, su armador lo regaló al Estado, que lo utilizó como buque - escuela para los llamados "Flechas navales", amarrado al puerto de Barcelona. Bastante descuidado, fue deteriorándose rápidamente para al final ser utilizados los restos de su casco y arboladura como relleno de un muelle que por entonces se construyó en dicho puerto.
Manolo Rives: "Las goletas en el Mediterráneo", publicado en el suplemento Náutica del Diario de Mallorca del 12 de junio de 2005