jueves, 4 de junio de 2009

Historia de El Terreno (II)

Domingo 31 de mayo de 2009

BARTOMEU BESTARD (*) El Terreno a finales del siglo XIX ya tenía el aspecto de un barrio de recreo. En esa época la familia Gomila, que tenía bienes en las Antillas –allí pasaba largas temporadas–, se construyó una casa en El Terreno para pasar las vacaciones. Los señores Gomila decidieron ceder al Ayuntamiento un espacio perteneciente a su solar para que sus hijos, junto con otros niños convecinos, jugasen a sus anchas. Con esta cesión, además, se mejoró el acceso de las casas vecinas con la carretera de Andratx (hoy calle Joan Miró) e incluso se permitió construir junto a la parcela de recreo infantil, un "Bornet" para el disfrute de los adultos. Este nuevo espacio fue conocido como "sa Placeta". Al cabo de unos años la familia Gomila se fue definitivamente a Santiago de Cuba y su casa, muchos años después, se convertiría en la sala de fiestas Tito´s. Algunos años más sobrevivió "sa Placeta", la cual estaba configurada por unos bancos de piedra entre los cuales había columnas que sostenía unas hidrias como las que había en el paseo "des Born". Nada queda de aquel espacio. Hoy, en su lugar, encontramos una plaza Gomila insulsa y triste, dónde sólo los terreneros más mayores pueden revivir entre sus recuerdos brumosos aquellas tardes estivales en "sa Placeta", a la sombra del castillo de Bellver. En esta misma plaza vivió uno de los personajes más famosos que han habitado en El Terreno: el pintor Santiago Rusiñol. Según cuenta Lluís Fábregas –terrenero de pro– en sus memorias "Estampas de El Terreno", el pintor catalán vino a Mallorca a consecuencia del éxito que tuvo el artista Lorenzo Cerdà en la Exposición Universal de Barcelona. Cerdà entabló amistad con Rusiñol. El mallorquín mostró algunos lienzos de paisajes de Mallorca al pintor catalán, el cual quedó maravillado. Tanto fue así que Rusiñol decidió visitar la Isla. Así empezó su relación con Palma. Once años después de la Exposición Universal, Rusiñol, junto a su esposa e hija, llegó a Palma con la intención de quedarse. Tenía apalabrada una casa en la plaza Gomila, esquina con lo que fue la calle Nube, "verdadera balconada mediterránea". Los de mi generación hemos conocido ese lugar como el lúgubre callejón del "Chotis", que nada tiene que ver ya con ese rincón idílico del que nos habla Fábregas. Realmente esa casa debía ser un pequeño paraíso. Tanto Rusiñol como su esposa e hija quedaron hechizados de ese lugar. Enseguida se integraron en la vida del barrio. El pintor catalán llegó a ser miembro permanente en la tertulia "des Capellà Sec", auténtico parlamento de la "república" terrenera. Asistían a esa tertulia Pep Rover, Gabriel Alomar Villalonga, Francisco Escalades, Lluís Martí... entre otros. En casa de los Rusiñol fue a vivir el pintor Joaquim Mir. Tenían como vecinos al señor Pinto, profesor de piano, casado con una hermana del famoso pintor Gaspar Terrassa, también terrenero de toda la vida, con quien Rusiñol entabló una gran amistad. María Rusiñol, hija del pintor catalán, cuenta en sus memorias que Terrassa era "altísimo, esbelto, distinguido. La barba blanca. Y sus ojos de azul clarísimo. En verano, vestía traje blanco y su aseo era tal, que, de haber existido detergentes ninguno de ellos hubiera podido competir con él. Fou l´homo més net del món". Ciertamente, en El Terreno todos los vecinos conocían la exagerada manía del pintor Terrassa. Se conoce la anécdota de cuando llovía, la calle Joan Miró, todavía sin asfaltar, se convertía en un barrizal. Por este motivo era costumbre hacer "caminitos" colocando periódicos en el suelo que iban desde la entrada de las casas hasta la parada del tranvía. Nada más caer cuatro gotas, uno de los primeros vecinos en abrir "caminitos" de periódicos era Gaspar Terrassa. Uno de esos días lluviosos pasó el carro "d´en Confit", que para desgracia del carretero salpicó el blanco traje del pintor, que como un funámbulo iba por encima del "caminito". Mientras el tal Confit huía del colérico pintor, tuvo que escuchar toda una serie de improperios, insultos y demás palabras gruesas dirigidas a su persona y a la bestia que tiraba del carro lo que provocó que varias damas presentes en el momento del "atentado", tuviesen que taparse los oídos escandalizadas.
Se podrían contar innumerables anécdotas y sucesos del El Terreno que denotan el buen ambiente que allí se respiraba. Entre los actos socio-deportivos que tuvieron lugar en el barrio destacó un campeonato de tenis. La sociedad recreativa "La Veda" tenía un campo de deporte en el Corb Marí. Allí se reunían las mejores raquetas mallorquinas de la época. Un día se organizó un campeonato entre mallorquines y catalanes, estos últimos pertenecientes al prestigioso club barcelonés "Turó Park". Ante el estupor y sorpresa de la selección catalana, ganaron los mallorquines. Los isleños hicieron muestras de caballerosidad al regalar la copa a los visitantes como obsequio de la visita. Éste detalle fue recogido por la prensa catalana quedando de manifiesto la generosidad y elegancia de los mallorquines.
Se suele decir que cada sociedad produce su arte –lo que incluye también su arquitectura–, a través del cual se transmiten sus valores, emociones, sentimientos… Mirando la estampa de El Terreno en la década de los años veinte o treinta contemplamos un conjunto de casas unifamiliares con sus jardines, huertos y verjas. Fue una época en que el vecino de delante procuraba no quitar las bellas vistas al vecino de detrás. Fue una época que mirando las fotografías o escuchando a los más mayores rememorando anécdotas, uno intuye una sociedad sana, en armonía, al menos esa armonía imperfecta que podemos llegar a conseguir en algunos momentos los hombres. El Terreno cambió. Ya en 1974, Lluís Fábregas, a propósito de la destrucción urbanística que sufrió el barrio, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, dejó escrito que "con el «cuento» del progreso, s´ha malmanat lo millor del Món. [Este] magnífico legado de nuestros bisabuelos, que sus tataranietos en su codicia han malbaratado para siempre". Para los que queremos El Terreno, cosa sádica es pasearse por sus calles de hoy contemplando fotos antiguas de su ayer.

* Cronista oficial de Palma

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